En Los Pinos, la feria del maíz reivindica sabores, saberes y comunidad
La Secretaría de Cultura del Gobierno de México instaló en el Complejo Cultural Los Pinos una jornada dedicada a la historia, la diversidad y el valor social del maíz.
Este fin de semana, el antiguo recinto presidencial se llenó del olor a masa y humo de comal. La Feria del Maíz, organizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, reunió talleres de nixtamalización, conversatorios con agrónomas y cocineras tradicionales, una expoventa de semillas criollas y encuentros comunitarios para hablar de la cocina como patrimonio.
Para quienes asistieron, la feria no fue sólo una muestra gastronómica: fue una clase práctica sobre cómo el maíz sostiene identidades regionales y rutea economías locales. Según la Secretaría de Cultura, las actividades buscaron «fortalecer la cultura alimentaria» y acercar al público la variedad de razas y usos del maíz que existen en el país.
Lo que más llamó la atención fue la diversidad: tortillas azules, pozole de mazorca, tamales de hoja de plátano y semillas etiquetadas por su origen. La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) recuerda que México es centro de origen del maíz, una condición que la feria puso en relieve con talleres para intercambiar semillas y prácticas de conservación.
La jornada también fue espacio para el debate. En un conversatorio moderado por especialistas, se discutieron retos reales: la pérdida de semillas locales, la presión de mercados industriales, y la necesidad de políticas públicas que apoyen a pequeñas y medianas productoras. La conversación fue crítica pero propositiva, con propuestas para impulsar circuitos cortos de comercialización y programas educativos en escuelas.
Productores de estados como Oaxaca y Chiapas destacaron la importancia de espacios así para vender directamente al consumidor y recuperar precios dignos. La Secretaría de Cultura, por su parte, subrayó el vínculo entre patrimonio cultural y seguridad alimentaria, y anunció que buscará replicar la feria en otras entidades.
La experiencia integral —talleres prácticos, venta de semillas y comidas, charlas— funcionó como una demostración de que la política cultural puede incidir en lo cotidiano: en la milpa, en la mesa y en el bolsillo de las familias. Queda claro que no basta con celebrar la tradición; hace falta acompañarla con apoyos técnicos, acceso a mercados y educación alimentaria.
Si algo dejó la Feria del Maíz en Los Pinos fue la sensación de que la defensa del maíz no es nostalgia, sino una apuesta por el futuro. Como dijo una de las cocineras participantes, traducido en la plaza: «Salvar semillas es salvar historias». La invitación que deja el evento es simple y concreta: comer con memoria, apoyar a las productoras locales y participar en las decisiones que modelan nuestra comida.
La Secretaría de Cultura cerró la jornada con la promesa de mantener vivo el diálogo entre autoridades, comunidades y consumidores. Para quienes no pudieron asistir, la recomendación es buscar ferias locales, preguntar por el origen de la semilla y sumarse al intercambio comunitario: conservar el maíz es un acto colectivo.
