En Los Pinos, el maíz vuelve a la mesa con talleres y recetas ancestrales
Ciudad de México. La Secretaría de Cultura del Gobierno de México presentó recientemente la Feria del Maíz en el Complejo Cultural Los Pinos, una jornada dedicada a recordar que el maíz no es sólo alimento sino historia, identidad y economía comunitaria. El encuentro combinó talleres prácticos, conversatorios, expoventa y encuentros entre productores, cocineras tradicionales y público general, con el objetivo de fortalecer la cultura alimentaria del país, informó la propia Secretaría de Cultura.
En carpas y cocinas al aire libre se realizaron demostraciones de nixtamalización, molienda tradicional y preparación de tortillas, además de clases sobre conservación de semillas. Las actividades buscaron recuperar técnicas ancestrales y mostrar la enorme diversidad del grano: según la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, México alberga más de 60 razas de maíz, cada una ligada a sabores, usos y saberes regionales.
Para la Secretaría de Cultura, la feria es una plataforma para impulsar cadenas cortas de comercialización y crear espacios donde productores pequeños puedan vender directamente sus variedades. Organizadores señalaron que la expoventa permitió el encuentro entre comunidades rurales y consumidores urbanos, un cruce necesario para que los derechos alimentarios y la soberanía alimentaria no queden en el discurso.
El diálogo público también abordó retos: la pérdida de agrobiodiversidad por la presión de monocultivos, el impacto del cambio climático en ciclos de cultivo y la necesidad de políticas públicas que protejan semillas nativas y apoyen a las familias agricultoras. Expertos participantes reclamaron acciones más concretas desde instituciones agrícolas y culturales para garantizar que el conocimiento tradicional no se pierda.
En lo cotidiano, la feria ofreció algo inmediato y concreto: sabores. Las recetas ancestrales —desde tortillas de maíz azul hasta pozoles regionales— funcionaron como puente entre generaciones. Para muchas personas asistentes, fue la oportunidad de hablar con cocineras y sembradores, preguntar por técnicas olvidadas y llevar a casa semillas o harina para continuar la práctica.
El balance, según la Secretaría de Cultura y participantes, fue positivo: hubo interés ciudadano y oportunidades de compra directa para productores. Pero también quedó claro que una feria no sustituye políticas públicas sostenidas. La iniciativa necesita continuidad, recursos y articulación con programas agrícolas para traducirse en mejoras reales en medios de vida y conservación de la diversidad.
La Feria del Maíz en Los Pinos mostró que recuperar la cultura del maíz implica algo más que rescatar recetas: exige apoyar a quien siembra, proteger semillas y crear mercados justos. Si la sociedad y las instituciones mantienen ese diálogo, el maíz puede seguir siendo pilar de la alimentación y la memoria colectiva.
