En los pinos, el maíz vuelve a ser conversación pública
La Feria del Maíz en el Complejo Cultural Los Pinos mostró la diversidad del grano y planteó preguntas sobre política, mercado y cultura alimentaria.
La Secretaría de Cultura del Gobierno de México presentó la Feria del Maíz en el Complejo Cultural Los Pinos, una jornada dedicada a recordar que el maíz no es sólo un alimento: es memoria, economía y territorio. En el evento hubo talleres de nixtamalización, conversatorios sobre semillas criollas, expoventa de granos y encuentros entre comunidades productoras y consumidores urbanos.
Lo que se vivió en Los Pinos revela tres cosas concretas: primero, que la diversidad del maíz mexicano sigue viva en manos de pequeños productores y comunidades indígenas; segundo, que esa diversidad choca con modelos de producción industrial que empujan hacia semillas híbridas y paquetes comerciales; y tercero, que la cultura alimentaria —la manera en que comemos tortillas, pozoles o tamales— depende de decisiones públicas y de consumo cotidiano.
Según la Secretaría de Cultura, los talleres y conversatorios buscaron poner en diálogo saberes científicos y tradicionales. En la práctica, eso se tradujo en testimonios como el de una productora de la Mixteca que explicó cómo año con año conserva semillas adaptadas a su clima, y en talleres donde jóvenes aprendieron a nixtamalizar y a identificar razas de maíz. Son escenas sencillas que contrastan con cifras más amplias sobre pérdida de agrobiodiversidad y la presión del mercado, recordaron especialistas invitados por la Secretaría.
La feria también sirvió para cuestionar políticas públicas. ¿Cómo respaldan las compras gubernamentales la compra de maíz criollo frente al maíz industrial? ¿Qué programas apoyan a las milpas familiares que sostienen la diversidad genética? Aquí hay avances: iniciativas de etiquetado cultural, programas locales de compra y eventos públicos que visibilizan el tema. Pero persisten retos: falta de acceso a financiamiento para productores, infraestructura insuficiente para mercados locales y escasa formación en educación alimentaria en las ciudades.
La dimensión cultural quedó clara cuando los asistentes compararon tortillas de distintos maíces y colores. No es una nota estética: el maíz pigmentado tiene usos, recetas y valores nutricionales distintos. Defender esa variedad implica políticas que vayan más allá de subsidios puntuales y que promuevan la soberanía alimentaria, como lo señalaron varios participantes y organizaciones agroecológicas citadas por la Secretaría de Cultura.
La Feria del Maíz en Los Pinos fue una invitación a pensar en el plato diario como espacio público. Comer es también decidir: apoyar al productor local, exigir transparencia en compras públicas y valorar prácticas tradicionales. La Secretaría de Cultura puso el escenario; ahora falta que autoridades, consumidores y comunidades transformen esa conversación en políticas concretas que protejan no sólo el grano, sino los modos de vida que lo sostienen.
Fuente: Secretaría de Cultura del Gobierno de México
