El Congreso de Oaxaca estrenó movimientos esta semana, pero no rumbo.

La Junta de Coordinación Política (JUCOPO) cambió de manos y ahora la encabeza Tania Caballero, un ascenso marcado por el comentario incómodo que ronda los pasillos: nepotismo. En Oaxaca, la política sigue siendo un asunto familiar. Se cambian los nombres, pero no las raíces que sostienen el poder.

Caballero no solo recibe el cargo; recibe el control real del Congreso. Porque ahí, en la JUCOPO, se reparten recursos, se definen alianques, se negocian agendas y se toman las decisiones importantes. Todo lo demás es faramalla.

Eva Diego: presidenta, pero sin poder verdadero

En contraste, Eva Diego llegó a la presidencia de la Mesa Directiva. El cargo luce bien, da buenas fotos, permite portar el mazo y presidir sesiones… pero hasta ahí.
Su margen de operación es mínimo: un par de asesores, un presupuesto pequeño y funciones principalmente formales.

En resumen:
Eva preside, Tania dirige.
Una tiene la tribuna, la otra tiene el control.

Elecciones bajo Sistemas Normativos Internos: retraso sobre retraso

Mientras el Congreso acomoda sillas, en los municipios regidos por Sistemas Normativos Internos (SNI) las elecciones siguen sin resolverse.
El propio Jesús Romero reconoció que hay retrasos y conflictos que no se han atendido a tiempo:
— Procesos incompletos
— Tensiones internas que crecen
— Falta de acompañamiento claro
— Y un avance institucional que parece caminar en cámara lenta

Oaxaca presume respeto a la autonomía comunitaria, pero cuando llega el momento de garantizar procesos ordenados, el gobierno parece reaccionar tarde. Otra vez.

La “Asamblea de Reforma Electoral”: más aplausos que análisis

En medio de este panorama, Oaxaca se sumó a las audiencias nacionales sobre la Reforma Electoral convocadas por la Presidenta Claudia Sheinbaum.
El evento se realizó en el Parque Primavera, con presencia de funcionarios estatales y de Arturo Zaldívar, en su papel de operador político del Gobierno Federal.

La puesta en escena fue impecable… salvo por un detalle:
se anunció como un foro de análisis, pero terminó siendo un mitin.

No hubo debate técnico.
No hubo cuestionamientos de fondo.
No hubo voces diversas.
Solo discursos alineados y mucha porra.

Se habló de democracia moderna, participación y cercanía con la gente, pero el encuentro dejó la sensación de que todo estaba decidido desde antes.

La danza de los millones: el caso Alejandro López Jarquín

Y mientras aquí se discuten reformas, en otros rincones del estado la conversación gira en torno a Alejandro López Jarquín y a los recursos públicos que pasan por sus manos.

No es un secreto que su nombre aparece cada vez que se habla de obra pública, contratos y asignaciones que huelen a excesos o a favores. Esa fama no se limita a Oaxaca: en cierto barrio fifi de la Ciudad de México, donde las pláticas suelen girar alrededor de contactos, influencias y quién conoce a quién, hay quienes presumen haber tratado con “el operador de la obra pública en Oaxaca”.

Ese operador —dicen ellos, con orgullo exagerado— es López Jarquín.

Mientras comunidades enteras siguen esperando caminos, drenajes o infraestructura básica, en la capital del país se presume como trofeo tener su número de teléfono.
Oaxaca pone la necesidad; otros ponen la vanidad.

Oaxaca entre la simulación y la rutina

La semana deja una fotografía clara:

— Un Congreso donde el poder real está en manos de una persona y no de quien aparece en la foto oficial.
— Un sistema comunitario que sigue sin recibir la atención necesaria.
— Un foro de “participación” que terminó siendo un acto político.
— Y un operador que aparece en conversaciones de alto nivel… mientras las obras siguen sin verse en muchos municipios.

Oaxaca vive entre declaraciones optimistas y realidades que no cambian.
Y aquí, en #LaPlumadeOaxaca, seguiremos contando lo que otros prefieren envolver en discursos.

La pregunta del día

¿Ya se sabe en qué zona de la capital se interceptan las coordenadas de los municipios de Guadalupe de Ramírez y Santa Catalina Juquila?

Dicen que por los rumbos de Xoxocotlán andan nerviositos.

Ahí nomás.