Revocación en puerta: Oaxaca afila los lápices democráticos

Entre lineamientos de papel, transparencia empañada y un nuevo protagonista que no deja dormir al poder judicial.
En Oaxaca, la democracia no descansa: apenas se apaga el último cohete del mitin, ya alguien anda sacando punta al lápiz institucional. Mientras medio estado alista el pan de muerto, el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca (IEEPCO) decidió inaugurar su temporada de revocación de mandato: esa flor democrática que florece, curiosamente, cuando más llueve conveniencia.
El Consejo General aprobó los lineamientos a última hora del viernes, en ese horario donde las decisiones importantes se publican con la esperanza de que nadie las lea. Prometieron —cómo no— “transparencia, legalidad y participación”. Tres palabras que en Oaxaca suenan tan solemnes como inciertas, sobre todo viniendo de una institución cuya brújula moral suele girar al ritmo de los vientos políticos.
No hay que ser cronista veterano para notar que el IEEPCO arrastra más sombras que un desfile de Día de Muertos. Las filtraciones, los choques internos y los rumores de pasillo son parte del paisaje. Como recordó el periodista Jaime Guerrero, la casa electoral vive en “eterna división y descoordinación”, justo cuando debería ofrecer certezas. Difícil hablar de transparencia si las ventanas están tan empañadas.
Aun así, el reglamento abre la puerta a las llamadas “personas promoventes”, figuras que deberán reunir miles de firmas y fe pública en frascos de paciencia. Del 11 al 31 de octubre, los ciudadanos podrán registrarse, descargar formatos en línea y probar, una vez más, que la burocracia también es una prueba de fe democrática.
El IEEPCO jura que el proceso será limpio, vigilado y ejemplar. Ojalá. Porque en Oaxaca, los discursos de pureza institucional suelen durar lo que una sonrisa de campaña.
Y así, entre lineamientos, anexos y promesas de civilidad, arranca la temporada de revocaciones. Una fiesta cívica con sabor a sospecha: ¿es la ciudadanía quien evalúa al poder, o el poder quien se evalúa a sí mismo con aplausómetro?
Revocación a la medida

Dicen que en Oaxaca la democracia se viste con huipil, pero últimamente parece que también usa cinta métrica y logo partidista. El Partido del Trabajo, ese aliado que se acuerda de ser oposición solo cuando el libreto lo permite, decidió sacar la regla para medir la reciente reforma de Revocación de Mandato.
El encargado de alzar la voz fue Óscar Ramírez, presentado como abogado del partido, aunque en los pasillos políticos algunos lo describen más bien como tinterillo entusiasta: más dado a redactar comunicados que a litigar. Ramírez asegura que el gobierno estatal guardó la publicación oficial como si fuera receta secreta de tlayuda y que los plazos para ejercer la figura son tan estrechos que ni la NASA los cumpliría sin milagro de Juquila.
Mientras tanto, el asunto llegó a la Suprema Corte, que deberá decidir si esta ley es un elegante traje democrático o un disfraz hecho con prisa. El IEEPCO, disciplinado, ya plancha formularios y afila sellos, confiando en que nadie pregunte de dónde viene la tela. Porque aquí, las instituciones no se manchan: se planchan.
El PT pide un proceso “genuinamente democrático”. Qué tierno. En tiempos donde la democracia se mide en retuits y ruedas de prensa, pedir genuinidad suena a nostalgia. Quizá lo que urge no es revocar mandatos, sino revocar costumbres: menos política a la medida y más ciudadanía a la talla correcta.
El que no deja dormir…
Y mientras en el ámbito electoral todo parece girar entre lineamientos y sospechas, el que no deja dormir a muchos en Oaxaca es nada más y nada menos que Hugo Aguilar Ortiz, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Con estilo propio y sin levantar la voz, el mixteco demuestra que el conocimiento del derecho también puede ser elegante, y que su bajo perfil era, quizá, solo estrategia de vuelo.Dicen que ciertos abogados —hoy con poder— intentan acercarse con sonrisas recicladas, después de haberlo torpedeado en tiempos menos cómodos. Se cuentan cafés, reuniones discretas y hasta arrepentimientos tardíos de quienes ahora buscan lavar su rostro hablando mal de otros juristas más serios.
Las expresiones hacia Aguilar han cambiado: donde antes había desprecio, hoy hay reverencia. Algunos lo ven como un operador quirúrgico del equilibrio judicial; otros, como una amenaza silenciosa para las redes del poder en Oaxaca.
Y ojo: Aguilar deberá andar con tiento. En los pasillos del poder ya se comenta que un panista de apellido Mariche anda presumiendo tener “entrada directa” a su oficina, vendiendo esa supuesta cercanía como si fuera acción de bolsa. Los mismos que ayer lo negaban, hoy se lo disputan en sobremesa. El poder atrae, y en Oaxaca, los falsos intermediarios nunca faltan.
Mientras tanto, el nombre de Adelfo Regino —antes intocable— comienza a sonar con frecuencia en voz baja y con la palabra “jubilación” rondando el aire. La política oaxaqueña, como siempre, gira rápido y cobra caro el olvido.
El nuevo presidente de la Corte se ha vuelto una figura incómoda para varios oaxaqueños con intenciones de influyentes. Su estilo, discreto pero firme, parece estar marcando una nueva jerarquía en la justicia nacional, y eso, en Oaxaca, se nota en el insomnio de más de uno. Y cuidado, que el 2028 se acerca.
“El pueblo será quien elija… otra vez”, afirma Jara

El gobernador Salomón Jara Cruz celebró en redes la aprobación de los lineamientos con tono triunfal: “El pueblo será quien elija”. Una frase redonda, digna de manta, hashtag y discurso inaugural. Solo falta que el pueblo tenga tiempo, ganas y señal de internet para hacerlo.
El IEEPCO presume orden, el gobierno presume apertura, y todos sonríen para la foto. Pero el eco de las promesas resuena curioso cuando el propio árbitro electoral anda resolviendo sus propias peleas internas. Si en casa no hay coordinación, ¿cómo exigir confianza afuera?
“Promovemos este ejercicio en congruencia con nuestro movimiento”, escribió Jara. En Oaxaca, la congruencia política dura lo que el humo del copal: se eleva, perfuma y se disuelve antes de que llegue el viento.
La revocación de mandato, en teoría, es la joya de la democracia directa. En la práctica, puede terminar siendo un espejo institucional donde el poder se aplaude a sí mismo con luz difusa. Falta ver si la ciudadanía toma la pluma o si prefiere seguir leyendo el guion desde la grada.
Porque en Oaxaca, más que revocar, urge renovar: la confianza, la política y la esperanza de que la transparencia deje de ser solo un eslogan con membrete.
Ahí nomás.
