Un camino compartido: 91 años de Alcohólicos Anónimos y la esperanza en comunidad

Reafirma Alcohólicos Anónimos su compromiso de continuar llevando un mensaje de esperanza, recuperación y solidaridad

Hace 91 años, en 1935, dos hombres en Akron, Ohio, iniciaron lo que hoy es un método conocido en todo el mundo: grupos de apoyo entre pares basados en la experiencia compartida y la responsabilidad mutua. Alcohólicos Anónimos (AA) cumple hoy esa trayectoria que, según la propia organización, ha tocado la vida de millones de personas en numerosos países.

El método, sencillo en su planteamiento pero profundo en su efecto, gira en torno a reuniones regulares, el programa de 12 pasos y la idea de que la recuperación es posible cuando se construye en comunidad. En Oaxaca y en otras partes de México, grupos locales mantienen esa práctica con reuniones abiertas, charlas de apoyo y actividades solidarias. El Imparcial de Oaxaca conversó con participantes y constató que, para muchos, AA ha sido una tabla de salvación frente al aislamiento y la estigmatización.

“Me devolvió la vida”, dice una persona en recuperación que pidió anonimato. “No es una cura mágica, pero encontrar gente que entiende sin juzgar cambia todo”. Testimonios así coinciden con investigaciones que señalan que la pertenencia a redes de apoyo aumenta las probabilidades de mantenerse sin consumo y mejora el acceso a servicios sociales y de salud.

El desafío público es grande. El consumo nocivo de alcohol sigue siendo un problema de salud global: la Organización Mundial de la Salud afirma que el alcohol contribuye a millones de muertes cada año y a daños familiares y comunitarios. En México, la respuesta requiere combinar el trabajo de organizaciones comunitarias como AA con políticas públicas que amplíen la atención, reduzcan la estigmatización y protejan a las poblaciones más vulnerables.

Alcohólicos Anónimos, por su parte, subraya su intención de seguir siendo una red de apoyo accesible y gratuita. Sus dirigentes locales insisten en la importancia de la colaboración con instituciones de salud y con programas de prevención comunitaria. También reconocen retos: la necesidad de formación continua, espacios inclusivos para mujeres y jóvenes, y puentes con servicios profesionales para casos complejos.

La historia de AA muestra cómo una práctica comunitaria puede convertirse en un recurso social clave. No sustituye la atención médica ni las políticas públicas, pero funciona como complemento y como espacio donde la recuperación se vive día a día, en voz de quienes la transitan. Si la sociedad quiere reducir el daño del alcohol, hace falta invertir en salud, educar sin estigmas y fortalecer redes de apoyo comunitario.

En su 91 aniversario, Alcohólicos Anónimos celebra el encuentro y la solidaridad, y plantea al mismo tiempo preguntas para la política pública: ¿cómo articular los esfuerzos gubernamentales con las redes comunitarias? ¿cómo garantizar que quienes necesitan ayuda la reciban sin barreras? Las respuestas requieren diálogo, recursos y voluntad social.

Para quienes buscan una primera referencia, AA mantiene reuniones abiertas en distintas ciudades y comparte materiales informativos en sus sedes locales. Su legado, como concluye este recuento de El Imparcial de Oaxaca, es sobre todo una lección simple y potente: la recuperación muchas veces se construye de a pocos, en compañía.

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