Guelaguetza toma los mercados: sabores, bailes y comunidad en la calle
Durante julio, la fiesta de la Guelaguetza salió de los auditorios y se instaló entre puestos de frutas, carnitas y artesanías: agrupaciones folclóricas ofrecieron presentaciones en cinco mercados públicos de la ciudad, mezclando música, danza y comida en espacios que son el corazón de la vida cotidiana.
La combinación fue deliberada. Según reportes de El Imparcial de Oaxaca y fuentes de la Secretaría de Cultura de Oaxaca, el objetivo fue llevar la tradición a lugares de encuentro popular, acercando las expresiones regionales a personas que no siempre pueden asistir a las sedes oficiales de la fiesta.
La escena tuvo momentos de impacto sencillo: bailarinas de tehuana entre puestos de mole, sones zapotecos que resonaron entre charolas de tlayudas y niños que seguían los pasos desde la banqueta. Para comerciantes como María López, vendedora de pan de yema, la presencia de la Guelaguetza se tradujo en más clientes y en un ambiente que, dice, “hace que la gente se quede más tiempo y compre un poco más”.
Los organizadores explicaron que el programa buscó tres apuestas claras: difusión cultural, apoyo al comercio local y fomento de la convivencia comunitaria. La secretaria municipal de Cultura, en entrevista con este medio, señaló que acercar la Guelaguetza a los mercados permite salvar barreras económicas y geográficas, y también fortalecer la transmisión de saberes tradicionales.
No todo fue celebración sin retos. Comerciantes y visitantes coincidieron en señalar problemas logísticos: el control de aglomeraciones, la limpieza posterior y la necesidad de coordinar horarios para no afectar la venta habitual. “Es bonito, pero necesitamos más apoyos para el retiro de basura y seguridad en puntos clave”, comentó un locatario que prefirió no dar su nombre.
Más allá de la logística, la iniciativa abrió otra conversación pública: qué tan accesible es la oferta cultural oficial y cómo pueden las autoridades descentralizar actividades sin diluir su significado. Para académicos y promotores culturales consultados, llevar presentaciones a mercados debe ir acompañado de programas educativos breves —charlas, talleres rápidos o folletería— que expliquen los orígenes de los bailes y los contextos socioculturales de las piezas representadas.
Desde la mirada ciudadana, la propuesta rindió frutos inmediatos. Jóvenes, adultos mayores y turistas coincidieron en que ver la Guelaguetza en su día a día generó orgullo y pertenencia. “Es como si la fiesta tocara la puerta de tu casa”, resumió Juan Pérez, integrante de una comparsa que participó en tres mercados.
Las lecciones quedan claras: la cultura pública gana cuando se hace visible donde vive la gente, pero esa visibilidad exige inversión en logística y pedagogía cultural. Si la apuesta es crear tejido social, la réplica de estos eventos requerirá planificación a mediano plazo y recursos para que comerciantes y artistas salgan beneficiados por igual.
El experimento de julio demuestra que la Guelaguetza puede ser más que un espectáculo anual: puede ser una práctica cotidiana que nutra la economía local y refuerce identidad. Para escalarlo, recomiendan desde la Secretaría de Cultura mayores alianzas con mercados, protocolos claros y evaluación ciudadana para medir impactos en ventas, afluencia y valoración cultural.
Fuente: El Imparcial de Oaxaca; información recabada en la Secretaría de Cultura de Oaxaca y testimonios de comerciantes y artistas.
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