Juchitán desafía el centralismo cultural con nuevo Cedart y bachillerato de artes
Juchitán de Zaragoza inició un paso práctico contra la concentración cultural en la capital: tendrá su propio Centro de Desarrollo Artístico y Tecnológico, conocido como Cedart, y con ello un bachillerato orientado a las artes. La iniciativa, según la Secretaría de Cultura de Oaxaca y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), busca que los jóvenes del Istmo encuentren opciones formativas sin tener que migrar a la ciudad de Oaxaca o a otras entidades.
Para muchas familias del Istmo, la decisión de estudiar artes implicaba costos extra y rupturas familiares. Ahora, contar con una oferta local de nivel medio superior en disciplinas como música, danza, teatro y artes visuales implica mantener talentos en su territorio y fortalecer prácticas culturales propias, incluidas expresiones en lengua zapoteca y saberes comunitarios.
Artistas y docentes de la región ven el Cedart como una oportunidad concreta. Señalan que no se trata solo de transmitir técnicas, sino de crear un espacio para que la creación dialogue con la vida cotidiana: festivales, comunidad, memoria y economía local. “Que la escuela esté aquí cambia el horizonte: es estudiar sin tener que irse, practicar en el propio mercado y pensar proyectos comunitarios”, dicen jóvenes promotores culturales del municipio.
La instalación del Cedart en Juchitán responde, en parte, a demandas históricas de descentralización en Oaxaca. Durante años, la mayor oferta institucional quedó concentrada en la capital estatal y en la Ciudad de México, por lo que talentos y recursos culturales tendieron a desplazarse. Las autoridades estatales y federales han señalado que la medida busca corregir ese desequilibrio.
Sin embargo, el proyecto enfrenta retos palpables. La Secretaría de Cultura de Oaxaca reconoce la necesidad de garantizar profesores especializados, materiales, infraestructura adecuada y presupuesto continuo. También hay que articular la oferta con las escuelas bilingües e indígenas para que el bachillerato no sea ajeno a las realidades del Istmo.
La experiencia en otras regiones muestra que un Cedart puede impulsar cadenas productivas locales: generaciones de creadores comienzan proyectos educativos, emprendimientos culturales y festivales que, a su vez, generan empleo y arraigo. Pero para que eso suceda se requiere seguimiento público, becas para estudiantes de bajos recursos y mecanismos de participación comunitaria.
En lo inmediato, las autoridades informaron que el programa académico se prepara para arrancar en el próximo ciclo escolar y que se abrirán convocatorias de inscripción y becas. Desde el ayuntamiento de Juchitán se ha ofrecido colaboración para adaptar espacios y vincular a las comunidades.
La llegada del Cedart al Istmo no es una solución mágica: es una herramienta. Su impacto dependerá de la continuidad de la inversión pública, del diálogo con las comunidades y de la capacidad local para transformar formación en vida cultural y oportunidades económicas. Para que la descentralización sea real, la sociedad debe vigilar y participar; la cultura florece —y se defiende— cuando se hace en común.
Fuentes: Secretaría de Cultura de Oaxaca; Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL); testimonios de promotores culturales del Istmo.
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