Crisis silenciosa entre jóvenes de Oaxaca: ansiedad y depresión en crecimiento
Oaxaca, Oax. — La presión por encontrar empleo, sostener a la familia y cumplir expectativas sociales y académicas está pasando factura a la juventud oaxaqueña. Informes locales y testimonios recabados por El Imparcial de Oaxaca señalan un aumento en cuadros de ansiedad y depresión entre personas de entre 18 y 35 años, una realidad que toca hogares, escuelas y centros de trabajo.
Los jóvenes describen la situación como una carga constante: la búsqueda de un salario estable en una economía con pocas oportunidades, la migración de familiares que altera redes de apoyo, y la pandemia que dejó huellas psicológicas. Según datos y análisis de la Secretaría de Salud y de la Organización Mundial de la Salud, los problemas de salud mental han aumentado en México en los últimos años, especialmente entre los sectores más jóvenes.
El Imparcial de Oaxaca documenta historias de estudiantes que sufren insomnio por la incertidumbre laboral, trabajadores que experimentan ataques de pánico antes de presentar entrevistas o exámenes, y familias que no encuentran dónde recibir atención rápida y accesible. La estigmatización y la falta de servicios públicos especializados en muchas comunidades del estado agravan el aislamiento.
En Oaxaca, la cobertura de salud mental sigue siendo insuficiente: hay pocas unidades con psicólogos y psiquiatras, los programas escolares de prevención son limitados y en zonas rurales el acceso es todavía más difícil. Frente a esto, especialistas consultados por medios y autoridades sanitarias coinciden en que se necesitan políticas integrales: más personal capacitado, atención comunitaria, fortalecimiento de programas escolares y opciones de teleatención que respeten la privacidad de los jóvenes.
Hay iniciativas en marcha que pueden ampliarse y replicarse. Organizaciones civiles ofrecen talleres gratuitos de manejo de estrés y grupos de apoyo, y algunas universidades han sumado atención psicológica para sus estudiantes. Sin embargo, la respuesta institucional requiere recursos y voluntad política para que no queden en proyectos aislados.
Para revertir la tendencia es clave combinar intervenciones: mejorar las condiciones económicas que afectan a las familias, aumentar la inversión en salud mental pública, promover la educación emocional desde las escuelas y reducir el estigma a través de campañas comunitarias. La participación ciudadana también es esencial: comunidades organizadas pueden exigir servicios, apoyar redes de acompañamiento y crear espacios seguros para los jóvenes.
Como concluye un análisis publicado en El Imparcial de Oaxaca, atender la salud mental de la juventud no es un tema exclusivo de los servicios de salud; es una inversión en la cohesión social y en el futuro del estado. Si hubo avances, siguen siendo insuficientes frente a la magnitud del problema. Hay urgencia y también caminos para actuar.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por El imparcialoaxaca .
