Crecen ansiedad y depresión entre jóvenes de Oaxaca por la presión económica y familiar
Un horizonte de trabajo precario, responsabilidades familiares y pocos servicios de salud mental empuja a la juventud a niveles alarmantes de malestar, según reportes locales y especialistas.
La salud mental de los oaxaqueños más jóvenes está bajo tensión. Según un reporte de El Imparcial de Oaxaca y entrevistas con profesionales de la salud, las demandas económicas, la inseguridad laboral y el peso de obligaciones familiares están detonando aumentos en cuadros de ansiedad y depresión entre personas de 15 a 29 años.
“Siento que tengo que ser el sostén y al mismo tiempo estudiar; no doy abasto”, cuenta Ana, 22 años, quien vive en la capital. Su testimonio se suma al de decenas de jóvenes que relatan insomnio, ataques de pánico y sensación de aislamiento. Profesionales consultados señalan que la pandemia agravó problemas ya existentes y dejó menos recursos familiares para enfrentar crisis emocionales.
Los especialistas consultados enfatizan dos problemas estructurales: la falta de acceso oportuno a atención psicológica y psiquiátrica en muchas comunidades de Oaxaca, y la precariedad laboral que obliga a adolescentes y jóvenes a jornadas largas sin prestaciones. Instituciones como la Secretaría de Salud y organizaciones comunitarias han ampliado programas, pero persisten vacíos en cobertura y prevención.
Desde una perspectiva comunitaria, la respuesta no puede limitarse a consultas aisladas. Expertos proponen integrar la salud mental en atención primaria, capacitar a profesores y promotores locales para detectar signos de riesgo, y aumentar presupuesto público para servicios en zonas rurales. También llaman a políticas que reduzcan la precariedad laboral juvenil, como programas de empleo digno y formación técnica vinculada con plazas estables.
Además del papel del gobierno, las redes vecinales y los centros culturales aparecen como espacios clave para ofrecer contención, talleres y actividades que reparen la sensación de soledad. “La prevención no es sólo terapia formal; es crear redes donde los jóvenes puedan hablar y ser escuchados”, comenta una trabajadora social que colabora con colectivos en la región.
Para las familias, el reto es sencillo en teoría pero complejo en la práctica: reconocer señales como cambios en el sueño, pérdida de interés en actividades, irritabilidad y comentarios sobre desesperanza, y buscar apoyo sin estigmatizar. Las autoridades estatales y organizaciones civiles ofrecen líneas de atención y programas locales, pero los jóvenes y sus redes deben exigir expansión y transparencia en esos servicios.
La situación en Oaxaca refleja una realidad nacional: sin políticas públicas integrales que combinen salud, empleo y educación, la ansiedad y la depresión seguirán cobrando terreno entre generaciones que aún no alcanzan estabilidad económica. Como propone El Imparcial de Oaxaca, la solución exige acciones concretas y recursos, así como la participación activa de comunidades y autoridades para devolver a los jóvenes la posibilidad de un proyecto de vida con menos angustia.
Reportó: corresponsal en Oaxaca. Fuentes: El Imparcial de Oaxaca, profesionales de salud mental y organizaciones comunitarias locales.
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