Casi todos los niños en México, según Unicef, enfrentan riesgos climáticos
Ciudad de México. El último Índice de Riesgo Climático de la Infancia elaborado por Unicef coloca a México en el lugar 54 y advierte que la mayoría de las niñas, niños y adolescentes del país están expuestos a amenazas relacionadas con el clima y el deterioro ambiental.
La radiografía no es solo un número: significa que inundaciones, olas de calor, sequías y mala calidad del aire golpean hogares, escuelas y comunidades; afectan la salud, el aprendizaje y las oportunidades de vida de la infancia. Unicef subraya que la exposición a estos peligros no es igual en todo el territorio: las zonas rurales, las costas vulnerables y las comunidades indígenas cargan con un mayor riesgo.
Para entenderlo con un ejemplo concreto: una escuela ubicada en una cuenca propensa a inundaciones puede quedar cerrada semanas durante la temporada de lluvias. Eso interrumpe clases, reduce el acceso a alimentos que muchas veces recibían en programas escolares y deja a las familias con menos opciones para cuidar a sus hijos mientras trabajan.
El informe de Unicef llega en un contexto donde autoridades como la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y la Coordinación Nacional de Protección Civil reconocen la necesidad de integrar la infancia en planes de adaptación. Sin embargo, persisten brechas en inversión, alertas tempranas específicas para escuelas y viviendas, y en políticas que consideren la desigualdad territorial.
Frente al diagnóstico, la respuesta debe ser práctica y con enfoque social: fortalecer sistemas de alerta temprana accesibles para comunidades pequeñas, acondicionar escuelas y centros de salud para resistir eventos extremos, ampliar programas de transferencia y alimentación escolar vinculados a emergencias, y priorizar la participación de niñas y adolescentes en decisiones locales. Todo ello, apunta Unicef, con datos y enfoque de derechos.
Hay avances: algunos municipios incorporan mapas de riesgo y ejercicios de preparación escolar. Pero el desafío es escalar esas prácticas y financiar infraestructura y servicios básicos con urgencia. La adaptación no es un gasto menor; es la inversión que evita pérdidas humanas y educativas.
La invitación es clara: autoridades, organizaciones civiles y comunidades deben actuar en conjunto. La infancia no puede esperar mientras se negocian prioridades. Como señala Unicef, proteger a los niños ante el clima es proteger el futuro común.
Fuente: Unicef.
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