Ilustración generada con IA
Los titulares de estos días no dejan lugar a dudas: la costa de Oaxaca es más que una postal turística. Es también frontera y escenario del tráfico internacional de drogas. Lo confirma el operativo de la Marina que, en dos acciones frente a las costas de Chiapas y Oaxaca, aseguró más de una tonelada de cocaína, según reportaron medios como La Jornada, El Universal, Proceso y Milenio.
Más allá del golpe mediático –se calcula que el decomiso representa unos 273 millones de pesos, de acuerdo con Proceso y LatinUS–, la noticia debe hacernos reflexionar sobre la dimensión real del reto para Oaxaca. Que nuestra franja marítima se mantenga como corredor preferido para el trasiego de droga no es novedad, pero sí una llamada de atención sobre los riesgos que enfrentan las comunidades costeras y la necesidad de políticas integrales de seguridad y desarrollo.
Las costas en la mira
El operativo, del que también informó el Gobierno de México, involucró la vigilancia marítima y la detención de al menos una persona. La Secretaría de Marina ha realizado más de 97 toneladas de decomisos en el mar, según Infobae, lo que confirma la magnitud del tráfico que cruza por estos litorales. No es solo tránsito: también es siembra, almacenamiento y, a veces, violencia que se infiltra en la vida cotidiana de comunidades pesqueras y portuarias como Salina Cruz, Huatulco o Puerto Escondido.
Fiscalía y narcomenudeo: señales locales
El combate al tráfico internacional tiene un espejo en el ámbito local. La Fiscalía de Oaxaca informó que obtuvo la vinculación a proceso contra dos hombres por narcomenudeo y asociación delictuosa en Salina Cruz, como publicó La Onda Oaxaca. Aunque el gran decomiso acapara los reflectores, los pequeños eslabones de la cadena criminal también avanzan. Y mientras las rutas internacionales surcan el Pacífico, en tierra se teje una red de consumo, violencia y riesgos para la juventud oaxaqueña.
La respuesta del Estado y el reto social
La presencia de las fuerzas federales y la coordinación con autoridades estatales –como se vio en la reciente sesión del Grupo Nacional de Órganos Especializados de MASC, con la asistencia del gobernador Salomón Jara Cruz y la Fiscal General de la República, según reportó la Fiscalía de Oaxaca– son pasos necesarios, pero no suficientes. Mientras la economía legal de la costa siga rezagada, las tentaciones del dinero fácil seguirán estando ahí. Las lluvias fuertes que hoy azotan la región, como alertó Hoja de Ruta Digital, agravan la vulnerabilidad de poblaciones que, entre tormentas y promesas incumplidas, ven pasar lanchas que valen millones.
En mi opinión, el combate al tráfico de drogas no debe medirse solo en toneladas incautadas ni en golpes espectaculares. Es indispensable fortalecer la presencia institucional, la participación ciudadana y las alternativas económicas reales para la costa oaxaqueña. Si no, cada operativo será apenas una pausa en una ruta que se reactivará al día siguiente.
Es momento de mirar a la costa no solo como límite geográfico, sino como frontera viva y herida de Oaxaca. De escuchar a los pescadores, a las familias, a los jóvenes que cargan con el estigma y con el riesgo. Y de exigir a los tres niveles de gobierno que vayan más allá de los titulares para construir paz y desarrollo en un litoral que, hoy más que nunca, nos urge defender.
Itzel Matus · Ocho Regiones. Columna de opinión elaborada con asistencia de inteligencia artificial a partir de información publicada por otros medios.
