Tensión en el equipo de Rocha Moya tras renuncia de Insunza; Morena celebra aval a Imelda Castro
Un nuevo choque interno sacude al entorno político alrededor de Rocha Moya mientras Morena celebra que Imelda Castro haya superado el llamado filtro conocido como «Harfuch». La semana cerró con la renuncia de Enrique Insunza a la bancada de Morena y la resolución del Instituto Electoral de Sinaloa que desechó las quejas presentadas contra la aspirante, movimientos que reconfiguran la disputa local por candidaturas y liderazgo.
Enrique Insunza anunció su salida de la bancada de Morena, un hecho que miembros del partido interpretan como síntoma de fricciones internas. La renuncia, confirmada por el propio Insunza, ha sido leída en círculos políticos como un jaloneo entre grupos que buscan posicionarse de cara a las definiciones locales. Morena, por su parte, ha preferido minimizar el impacto público y centrar la conversación en el avance de su proceso interno de selección.
El Instituto Electoral de Sinaloa notificó que se cayeron las quejas presentadas contra Imelda Castro, lo que despeja un obstáculo formal a su aspiración. En un comunicado interno, la dirigencia de Morena celebró que Castro «superó» el filtro —un mecanismo de evaluación que la militancia y la coordinación partidista han venido aplicando para medir la viabilidad de aspirantes— y lo presentó como un aval político y administrativo. La dirigencia estatal de Morena enfatizó que el proceso busca garantizar perfiles competitivos y con capacidad de gobernar.
¿Qué significa esto para la ciudadanía? En lo inmediato, la salida de Insunza muestra que las negociaciones internas no son inocuas: afectan la capacidad del partido para acordar candidaturas y coordinaciones municipales y estatales. Para el electorado, la incertidumbre puede traducirse en confusión sobre quién representa realmente las propuestas locales y en la percepción de que las decisiones se toman entre bastidores y no con la participación ciudadana que demandan los temas de salud, educación y seguridad.
Desde el punto de vista electoral, que el Instituto Electoral de Sinaloa haya desechado las quejas contra Castro despeja el camino legal, pero no las dudas políticas. La validación administrativa no elimina los cuestionamientos sobre estilo de gobierno, prioridades o alianzas. En este sentido, la dirigencia de Morena apuesta por capitalizar el mensaje de unidad tras el filtro, mientras que las voces críticas dentro del movimiento —entre ellas la de Insunza— ponen en evidencia disputas de fondo sobre rumbo y liderazgos.
Analistas consultados por este periódico coinciden en que los procesos internos de los partidos terminan teniendo efectos directos en la vida cotidiana: la manera en que se eligen candidaturas define quién tomará decisiones sobre servicios públicos, inversión local y programas sociales. La expectativa ciudadana sigue siendo clara: más transparencia en cómo se evalúan los perfiles y mayor claridad sobre compromisos concretos con la comunidad.
Para cerrar, el episodio plantea varias tareas pendientes. Morena deberá negociar la reconciliación interna si quiere mantener cohesión electoral; el Instituto Electoral de Sinaloa tendrá que seguir garantizando procesos limpios y visibles; y la ciudadanía debe exigir claridad sobre proyectos y compromisos de quienes aspiran a cargos públicos. En juego está no sólo una candidatura, sino la confianza en cómo se eligen quienes habrán de administrar recursos y políticas públicas en la región.
Fuente: Instituto Electoral de Sinaloa; declaraciones de Morena e información proporcionada por Enrique Insunza.
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