Oaxaca concentra casi 90% de la producción de mezcal y empuja cambios en el sector
Oaxaca de Juárez, Oax., 20 de octubre de 2026. Según la Matriz de Indicadores de la Industria, Oaxaca aportó 89.47% de la producción nacional de mezcal en el último informe. En el marco del Día Nacional del Mezcal, esa cifra no solo confirma una realidad productiva: también obliga a repensar cómo se distribuyen beneficios, riesgos y políticas públicas alrededor de una bebida que se ha vuelto bandera cultural y motor económico.
El dato es contundente: casi nueve de cada diez litros de mezcal que se producen en México nacen en Oaxaca. Para pueblos como Santiago Matatlán, Miahuatlán y la zona de la Mixteca, el mezcal es fuente de empleo, turismo y orgullo comunitario. Pero ese liderazgo concentra, a su vez, vulnerabilidades: dependencia económica, presión sobre los agaves y necesidad de políticas públicas que protejan a productores pequeños frente a la industrialización y la especulación.
Productores consultados en la región describen días buenos y días de incertidumbre. El boom internacional abrió mercados y subió precios; al mismo tiempo, la demanda acelera la siembra de agaves de ciclo corto y prácticas que pueden agotar suelos y agua. La preocupación no es solo ecológica: cuando el agave escasea, suben los costos y los productores familiares quedan en desventaja frente a empresas con capacidad para importar fibras o acelerar procesos.
Además del factor ambiental, está la cuestión de la gobernanza. La Matriz de Indicadores de la Industria muestra la cuota de mercado, pero detrás están desigualdades: cooperativas y mezcaleros tradicionales reclaman más acceso a financiamiento, etiquetado justo y mecanismos que protejan la denominación de origen sin convertirla en una barrera para pequeñas almazaras. Organizaciones como el Consejo Regulador del Mezcal han señalado la necesidad de reglas claras; ahora hace falta que el Estado y el sector privado articulen apoyos que lleguen a la base.
¿Qué está en juego para la gente? Empleo rural, conservación de paisajes culturales y el músculo que aporta la cadena productiva al comercio local. También está en juego la identidad: el mezcal es parte del patrimonio intangible de comunidades indígenas y rurales; su éxito no puede traducirse en despojo o pérdida de saberes.
Desde una mirada práctica, las prioridades son claras. Primero, fomentar modelos de producción sustentable: agave de siembra escalonada, prácticas agroforestales y manejo responsable del agua. Segundo, diseñar esquemas de crédito y capacitación para almazaras familiares que eviten la concentración. Tercero, fortalecer el etiquetado y la trazabilidad para que el consumidor pague justamente al productor. Cuarto, promover el turismo responsable que multiplique beneficios en pueblos y no solo en embotelladores.
La buena noticia es que hay herramientas y experiencias que funcionan: cooperativas que han logrado mejores precios vendiendo en conjunto, proyectos de restauración de milpas y agaverales, y programas municipales de capacitación. Pero falta coordinación y presupuesto público focalizado.
Como ciudadano y como reportero, queda claro que el crecimiento del mezcal en Oaxaca es una oportunidad que exige políticas con rostro humano. No se trata solo de cifras en una matriz: se trata de jornaleros, familias y comunidades que necesitan condiciones para prosperar sin sacrificar su tierra ni su cultura. Si las autoridades escuchan a las comunidades y a las organizaciones civiles, se puede convertir un liderazgo productivo en un ejemplo de desarrollo justo y sostenible.
Fuente: Matriz de Indicadores de la Industria y testimonios de productores oaxaqueños.
