Oaxaca concentra casi 90% del mezcal; así se reparten ganancias y pérdidas
Oaxaca ocupa el primer lugar nacional en la producción de mezcal: según datos citados por El Imparcial de Oaxaca, el estado genera 89.47% de la producción nacional. Ese número explica por qué la bebida ancestral se asocia casi de manera automática con sus pueblos y palenques, pero también es una foto con luces y sombras.
Para muchos productores y comunidades la concentración es una victoria tangible. El mezcal impulsa empleo rural, turismo y ventas al exterior. Palenques certificados y marcas con acceso a mercados internacionales captan mayores márgenes, y municipios como Santiago Matatlán han visto florecer iniciativas locales alrededor de la destilación y la hospitalidad. Datos del Consejo Regulador del Mezcal confirman la centralidad de Oaxaca en la cadena productiva y en la trazabilidad que exige la denominación de origen.
Sin embargo, no todos ganan por igual. La concentración deja fuera a productores de otras entidades con derecho a la denominación de origen que luchan por abrir mercados. En Oaxaca mismo, muchos mezcaleros siguen en la informalidad o venden a intermediarios que se quedan con buena parte de la ganancia final. Además, la presión por atender la demanda ha multiplicado la siembra de espadín y la extracción de agaves silvestres, lo que plantea riesgos ambientales y de sostenibilidad que afectan a las comunidades campesinas a largo plazo.
Una productora de Santiago Matatlán, entrevistada durante un recorrido por palenques, explicó que «la etiqueta y la exportación traen dinero, pero también llegan los compradores que pagan poco y se llevan el agave». Esa tensión entre mercado y subsistencia es clave para entender quién pierde en el balance actual.
¿Qué puede hacerse? Desde la mirada social y pública, las soluciones pasan por fortalecer cooperativas, facilitar el acceso a financiamiento y a infraestructura para la ruta del mezcal, y promover modelos de manejo sustentable del agave que protejan bosques y la diversidad de especies. También es necesaria más transparencia en precios y cadenas de comercialización para que el beneficio llegue a las familias productoras y no solo a intermediarios o a marcas consolidadas.
El reto es doble: preservar una bebida que es parte de la identidad oaxaqueña y, al mismo tiempo, repartir de forma más justa las ventajas económicas. Los consumidores pueden jugar su parte eligiendo mezcales con trazabilidad clara y apoyando proyectos comunitarios. Las autoridades estatales y federales, por su lado, tienen la responsabilidad de impulsar políticas que equilibren crecimiento, cultura y sustentabilidad.
La cifra de 89.47% que reportó El Imparcial de Oaxaca no es solo estadística: es un llamado a preguntarnos cómo vamos a proteger el mezcal —y a quienes lo producen— para que siga siendo fuente de vida y no solo de lucro concentrado. Fuentes: El Imparcial de Oaxaca y el Consejo Regulador del Mezcal.
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