La laguna se organiza para proteger su agua
Por un joven periodista desde Torreón. Quienes más defienden el agua en este país —y en casi todo el planeta— no son los estados, sino grupos y movimientos de base. En la Comarca Lagunera esa realidad se siente en la piel: pequeñas comunidades rurales, usuarios urbanos y campesinos encabezan una ofensiva para «blindar» el agua frente a la escasez y la contaminación.
Según datos de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) y reportes locales de El Siglo de Torreón, la cuenca de la Laguna enfrenta años de extracción superior a la recarga natural y problemas de calidad en varios puntos. Esa presión ha obligado a vecinos, ejidos y organizaciones civiles a pasar de la queja a la acción: vigilancia comunitaria de pozos, denuncias ante autoridades, propuestas para ordenanzas municipales que protejan las fuentes y campañas de ahorro en colonias y parcelas.
En recorridos por colonias de Torreón y municipios conurbados, residentes relatan que la falta de agua ya no es una promesa lejana: afecta riego, higiene escolar y el costo de la vida diaria. Una trabajadora del campo explicó a este medio que, cuando el pozo baja, los jornales también; un vecino de zona urbana contó que las tandeos y cortes frecuentes obligan a almacenar agua en malas condiciones, lo que aumenta riesgos sanitarios.
La estrategia ciudadana tiene varias líneas: ampliar la conciencia sobre el uso responsable; exigir transparencia en permisos de extracción y en las concesiones; promover la restauración de zonas de recarga; y presentar iniciativas locales para reservar agua en beneficio comunitario. Activistas y académicos consultados por este periódico señalan que no basta con medidas paliativas: hace falta un plan integral que combine regulación efectiva, inversión pública y participación ciudadana.
El reto es grande. La laguna comparte acuíferos entre municipios y dos estados, lo que complica la gobernanza. Además, proyectos industriales y agrícolas de gran escala tensionan la disponibilidad. Sin embargo, el movimiento ciudadano suma fuerzas: organizaciones sociales han llevado el tema a cabildos, promovido información técnica accesible y creado redes de solidaridad para atender emergencias hídricas.
El avance más tangible hasta ahora ha sido la visibilización del problema y la construcción de acuerdos locales para monitorear pozos y denunciar irregularidades. Queda pendiente empujar esos acuerdos hacia políticas públicas con instrumentos jurídicos y presupuestos claros. En palabras de un profesor universitario que colabora con comunidades locales, citadas en El Siglo de Torreón, «la protección del agua será real cuando la ciudadanía deje de ser espectadora y pase a ser parte del diseño y la vigilancia».
La lección de la Laguna aplica a todo el país: cuando se articula la comunidad, se generan soluciones prácticas y se obliga a las autoridades a responder. Para quienes viven aquí, blindar el agua no es un slogan sino una necesidad cotidiana. La invitación es simple y concreta: informarse, participar en las reuniones municipales, reportar fugas y apoyar proyectos de recarga y saneamiento. Con datos de CONAGUA y el testimonio de la gente, la agenda está puesta. Falta transformar ese empuje en políticas que garanticen agua para hoy y para las próximas generaciones.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por La Jornada
