Del PRD al PRI: Zambrano se perfila como asesor de Alito Moreno tras llamado a dejar «celos partidistas»
Jesús Zambrano, exdirigente del PRD, volvió a colocarse en el foco político tras su participación en la XLIII Reunión de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (COPPPAL). Según El Universal, reportes periodísticos señalan que Zambrano se perfila para asumir un papel de asesor cercano al líder nacional del PRI, Alejandro «Alito» Moreno.
En el foro de COPPPAL, Zambrano pidió dejar atrás “celos partidistas” e insistió públicamente en la necesidad de una mayor coordinación entre PAN y PRI. Ese llamado, dicen los asistentes citados por El Universal, no fue solo retórica: abrió la puerta a su reencuentro con círculos priistas que buscan sumar experiencia política en la antesala de futuros retos electorales.
La noticia mezcla sorpresa y preocupación. Para votantes y ciudadanos, el hecho de que una figura histórica de la izquierda dialogue y, en su caso, asesoré a la dirigencia priista plantea preguntas concretas: ¿qué objetivos políticos o de política pública perseguiría este acercamiento? ¿Implica un giro en temas como educación, salud, justicia social o transparencia? Es legítimo preguntar cómo este movimiento afectará las prioridades que muchos esperan de liderazgos con pasado de izquierda.
Desde una lectura práctica, la experiencia de Zambrano puede aportar conocimiento sobre negociaciones y movilización social, algo útil en acuerdos legislativos. Pero también choca con expectativas de militantes y organizaciones de izquierda que han visto en el PRD una trayectoria definida por la defensa de causas sociales. Ese choque explica la mezcla de críticas, desconcierto y curiosidad que ha generado la noticia.
Es importante señalar, con rigor, que la confirmación formal de cualquier nombramiento o contrato de asesoría corresponde a las partes involucradas. El Universal reporta acercamientos y conversaciones; faltan detalles públicos sobre responsabilidades, duración y los temas específicos que abordarían.
Para la ciudadanía, el punto central no es la etiqueta partidista sino el impacto concreto: si un acuerdo o asesoría contribuye a mejorar servicios públicos, transparencia y políticas que beneficien a las mayorías, tendrá sentido social. Si responde solo a cálculos electorales sin compromisos claros con el bienestar, será motivo de crítica y desconfianza.
Este episodio también invita a reflexionar sobre la política mexicana: las alianzas y los tránsitos personales entre partidos no son novedades, pero exigen reglas claras, rendición de cuentas y comunicación transparente hacia la población. La prensa, la academia y la sociedad civil deben vigilar que cualquier colaboración produzca resultados tangibles en educación, salud, empleo y justicia.
Mientras se esperan pronunciamientos oficiales de Zambrano y de la dirigencia del PRI, queda abierto un debate que va más allá de nombres y siglas. El horizonte es simple y ciudadano: explicar qué cambios concretos traerá este cruce político y cómo impactarán en la vida diaria de las personas.
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