Misa de aurora reúne a la comunidad en el cuarto viernes de cuaresma en santa maría huatulco
Santa María Huatulco, Oaxaca.
Con el silencio de la madrugada roto por oraciones y cantos, habitantes y visitantes de Santa María Huatulco participaron esta mañana en la tradicional Misa de Aurora, que marca el inicio de las actividades del cuarto viernes de Cuaresma en la comunidad.
La parroquia de Santa María Huatulco informó que desde las primeras horas se congregaron cientos de fieles en torno al atrio y la iglesia principal. La celebración, dijo el párroco, combinó elementos litúrgicos con expresiones populares: rezos, letanías y cantos en español y en variantes locales que refuerzan la identidad comunitaria.
“Venimos a pedir y a agradecer, a mantener viva la tradición de nuestros padres”, comentó una vecina que asistió con su familia. Para muchos asistentes, la misa de aurora es un punto de encuentro social además de religioso: permite reencontrarse con vecinos, mantener la transmisión de costumbres y atraer a turistas interesados en las prácticas culturales de la región.
Autoridades municipales señalaron a este medio que las celebraciones religiosas generan bienestar cultural y movimiento económico para pequeños comercios y artesanos locales, pero reconocieron retos en la coordinación logística y en la conservación del patrimonio: “Trabajamos para facilitar la seguridad y el acceso, y para proteger las tradiciones”, explicaron.
La jornada prosiguió con actividades comunitarias que incluyeron un rosario público y acciones de convivencia en plazas y espacios aledaños. Organizaciones civiles locales aprovecharon para promover iniciativas de cuidado del entorno y de apoyo a familias en situación de vulnerabilidad, un ejemplo de cómo la fe se enlaza con la solidaridad.
Este cuarto viernes de Cuaresma dejó claro que, más allá del rito, la celebración es un motor de cohesión social. Mantenerla requiere, además de fe, políticas públicas que apoyen la preservación cultural y el desarrollo local. La parroquia y el municipio coincidieron en impulsar mesas de trabajo para calendarizar actividades y mejorar la infraestructura sin perder el carácter comunitario de la festividad.
Para los residentes, la Misa de Aurora fue, una vez más, la manifestación de un arraigo que resiste los cambios: una tradición que, en voz de la gente, sigue siendo puente entre generaciones.
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