Un estudio revela que Cuicuilco y la ENAH comparten alineaciones solares

La Secretaría de Cultura informó que un análisis del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) encontró coincidencias entre la orientación de los vestigios en la Zona Arqueológica de Cuicuilco y varios edificios contemporáneos de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Según el informe, ambos conjuntos muestran una alineación hacia los amaneceres equinocciales sobre el horizonte del Valle de México.

Cuicuilco, uno de los asentamientos más antiguos del valle, ha sido estudiado por su diseño urbano y sus estructuras circulares; ahora, el INAH plantea que esa geometría no sólo respondía a factores prácticos, sino también a observaciones solares que los arquitectos modernos, conscientemente o no, reprodujeron en algunos edificios de la ENAH.

El estudio, difundido por la Secretaría de Cultura, comparó azimuts y ejes arquitectónicos para verificar coincidencias en las orientaciones. Los investigadores usaron mediciones de campo y modelos topográficos para determinar que varias fachadas y ejes ceremoniales apuntan al punto del horizonte donde nace el sol durante los equinoccios. Esa repetición temporal y espacial sugiere una continuidad de sensibilidad hacia fenómenos astronómicos en el paisaje construido del valle.

¿Qué significa esto para la ciudadanía? De entrada, aporta una lectura más rica del patrimonio: no se trata sólo de muros antiguos o edificios académicos aislados, sino de una conversación a través del tiempo sobre el cielo y el territorio. Para la comunidad estudiantil y los visitantes, esos alineamientos pueden servir como herramienta educativa para explicar astronomía, arquitectura y memoria cultural en un mismo recorrido.

La noticia también abre preguntas prácticas. Si las orientaciones modernas recuperan intencionalidades antiguas, eso podría influir en criterios de conservación, interpretación museográfica y diseño de espacios públicos. La Secretaría de Cultura y el INAH, según el comunicado, consideran necesario ampliar el muestreo y profundizar en la relación entre proyectos arquitectónicos de distintas épocas y su contexto ritual o simbólico.

Es importante matizar: correlación no es causalidad. Que dos construcciones apunten al mismo amanecer no prueba por sí sola una intención deliberada de “revivir” prácticas prehispánicas. Factores como topografía, vistas urbanas y decisiones funcionales de diseño también inciden. Por eso el propio INAH propone más estudios interdisciplinarios —arqueología, historia de la arquitectura y estudios solares— antes de sacar conclusiones definitivas.

Para quienes se interesan en preservar y entender el patrimonio, el hallazgo invita a participar. La Secretaría de Cultura y el INAH pueden convertir estos resultados en recorridos guiados, programas educativos y proyectos comunitarios que conecten el conocimiento histórico con la vida cotidiana. Al fin y al cabo, saber dónde miraba la gente hace dos mil años puede ayudarnos a pensar mejor cómo diseñamos los espacios donde vivimos hoy.

El informe del INAH es un punto de partida: muestra una sintonía entre pasado y presente, y deja claro que la arqueología no es sólo ruina sino también mapa para interpretar la ciudad. Más investigaciones y diálogo público serán clave para entender hasta qué grado esas líneas solares son coincidencia, huella cultural o inspiración consciente.

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