Gobierno intensifica vigilancia por avance de la cochinilla rosada

Ante la llegada y expansión de Maconellicoccus hirsutus, autoridades y productores buscan frenar daños en cultivos y áreas urbanas

En los últimos meses la cochinilla rosada —un insecto pequeño pero voraz— ha mostrado un avance que preocupa a agricultores y a las autoridades federales. La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) informó que puso en marcha operativos de inspección, control y capacitación para contener la plaga en zonas del sur y sureste del país, donde el clima favorece su reproducción.

La cochinilla rosada ataca plantas de jardinería, frutales y hortalizas; deja una capa algodonosa y una savia que debilita a las plantas, reduce cosechas y encarece los controles fitosanitarios. Organismos como la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han señalado en sus diagnósticos que, por su capacidad de dispersión, la respuesta debe ser rápida y coordinada.

Según un comunicado de SADER, los esfuerzos federales combinan vigilancia en carreteras y viveros, atención a denuncias ciudadanas y apoyo técnico a pequeños y medianos productores. La estrategia incluye reforzar los servicios de sanidad vegetal en puntos de entrada del país, revisar movimientos de material vegetal y capacitar a extensionistas en detección temprana.

La medida no es menor. Productores consultados señalan que en huertos y viveros la cochinilla puede pasar desapercibida hasta que el daño es visible. “Es como una mancha que se extiende por debajo de las hojas”, explica un técnico agrícola que colabora con organizaciones campesinas en el sureste. Ese sigilo convierte a la plaga en un problema local que rápidamente toma dimensión regional.

En el terreno técnico, la FAO y especialistas mexicanos recomiendan un enfoque de manejo integrado: vigilancia, manejo cultural (podas y eliminación de material infectado), uso responsable de insecticidas cuando proceda, y el impulso de controles biológicos. En otros países se han utilizado parasitoides como Anagyrus kamali con buenos resultados; en México, la Secretaría y centros de investigación como el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) evalúan medidas complementarias antes de implementarlas a gran escala.

El impacto económico potencial toca especialmente a las familias que dependen de huertos y viveros para su ingreso diario. La SADER reconoce que los recursos y la logística son un reto: hay que coordinarse con gobiernos estatales, municipios y productores para que la respuesta sea efectiva y llegue a las zonas rurales más aisladas.

Además de las acciones oficiales, la participación ciudadana resulta clave. Las autoridades piden reportar cualquier brote en viveros, huertos, macetas domésticas o áreas verdes de la ciudad a las oficinas estatales de sanidad vegetal. Evitar trasladar plantas, tierra o herramientas sin desinfectar puede frenar la dispersión. CONABIO subraya que la detección temprana es la mejor defensa y que la alerta ciudadana complementa la vigilancia institucional.

La medida federal tiene avances: refuerzo de brigadas, talleres para técnicos y productores, y emisión de alertas fitosanitarias. Pero hay restricciones: la dispersión natural del insecto por viento, el comercio informal de plantas y la limitada cobertura de extensión rural complican la contención. Por eso, especialistas consultados por este diario insisten en la necesidad de una estrategia sostenida, con financiamiento y comunicación clara hacia las comunidades agrícolas.

Para los agricultores, la recomendación práctica es sencilla: revisar plantas con regularidad, cortar y quemar o disponer de forma segura material muy afectado, y coordinar con las oficinas locales de SADER para aplicar medidas autorizadas. Para el ciudadano urbano, la clave es no mover plantas con síntomas y avisar a las autoridades.

La cochinilla rosada es pequeña, pero su avance obliga a una respuesta colectiva. Como señala la FAO, la sanidad vegetal no es solo una tarea estatal: es una responsabilidad compartida entre instituciones, productores y ciudadanía. La SADER, CONABIO e INIFAP están en la mesa de trabajo; ahora falta que las políticas lleguen con rapidez a los campos y huertos donde se decide la seguridad alimentaria de muchas familias.

Fuente: Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) y Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

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