Crecen los no creyentes en Oaxaca; hombres lideran la salida de la fe
Aumenta 2.5 puntos el porcentaje de oaxaqueños que no profesan religión, según datos del INEGI y reportes de El Imparcial de Oaxaca
La proporción de personas que declararon no profesar ninguna religión en Oaxaca registró un aumento de 2.5 puntos porcentuales en el último conteo, una señal clara de cambio en la identidad religiosa de la entidad. Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), recogidos y contextualizados por El Imparcial de Oaxaca, muestran que el crecimiento es más marcado entre los hombres, mientras que las mujeres mantienen una adhesión mayoritaria a la iglesia católica.
Este giro no es un fenómeno aislado: se inscribe en tendencias nacionales de secularización y en transformaciones sociales locales. Factores como la migración, la urbanización, el acceso a la educación y la mayor exposición a ideas seculares a través de redes sociales y estudios superiores ayudan a explicar por qué más personas optan por no identificarse con una religión. En Oaxaca, donde la religiosidad comunitaria y las prácticas culturales han sido históricamente fuertes, el cambio revela matices generacionales y de género.
Según INEGI, el aumento entre hombres sugiere que son ellos quienes, en mayor medida, están redefiniendo sus prácticas religiosas o declaran no tener afiliación formal. Para las mujeres, la iglesia sigue siendo un espacio clave de identidad y de redes sociales en muchas comunidades, lo que se refleja en porcentajes de permanencia más altos.
El crecimiento de quienes no se identifican con religión plantea retos y oportunidades para las políticas públicas. Por un lado, reafirma la importancia del Estado laico: servicios públicos, educación y salud deben seguir garantizando neutralidad religiosa y respeto a la diversidad de creencias. Por otro, requiere atender necesidades sociales que antes cubrían iglesias o grupos religiosos, como apoyo comunitario, actividades culturales y programas de acompañamiento en salud mental.
Autoridades municipales y estatales pueden leer este fenómeno como una invitación a fortalecer la oferta pública de espacios comunitarios, deporte y cultura, así como a impulsar educación cívica que fomente el respeto entre personas creyentes y no creyentes. Organizaciones de la sociedad civil pueden colaborar para diseñar programas que eviten la fragmentación social y sostengan la convivencia plural.
Es también una oportunidad para el diálogo comunitario: escuchar por qué la gente se está alejando, dónde sienten que las instituciones —religiosas o civiles— no respondieron a sus necesidades, y qué redes sociales y comunitarias pueden ser potenciadas para sostener el tejido social sin reemplazar la libertad de conciencia.
Los datos del INEGI y el seguimiento informativo de medios locales como El Imparcial de Oaxaca muestran que la transformación religiosa es medible, pero su impacto cotidiano depende de políticas públicas incluyentes. Reconocer avances y retos, promover la participación ciudadana y garantizar derechos básicos son caminos para que esta transición no deje desprotegidos a quienes más dependen de las redes comunitarias.
En resumen: Oaxaca vive un cambio sutil pero persistente en su mapa religioso. Que la salida de la fe institucional entre algunos sea motivo de reflexión colectiva y de acciones públicas que apunten a la cohesión social, el respeto y la inclusión.
