Cárteles de Sinaloa y Jalisco extienden operaciones a una docena de países europeos
Según The Guardian, Europa se volvió un destino atractivo por márgenes de ganancia más altos que en Estados Unidos; autoridades y expertos piden respuestas coordinadas.
La presencia de organizaciones criminales mexicanas en Europa dejó de ser una sospecha para convertirse en un problema documentado. The Guardian publicó que el cártel de Sinaloa y el cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ya tienen operaciones en 12 países del continente, aprovechando rutas y mercados que les ofrecen mayores ganancias que las rutas tradicionales hacia Estados Unidos.
Fuentes institucionales como Europol y especialistas en seguridad consultados por distintos medios han detectado un patrón: envío de cargamentos de cocaína y precursores, uso de redes de distribución locales, y sofisticadas maniobras de lavado de dinero a través del sector inmobiliario y empresas fachada. Puertos y aeropuertos con mucho tráfico se convierten en puntos clave para la logística del narcotráfico; en España y en los Países Bajos, por ejemplo, las autoridades han incrementado decomisos en los últimos años.
Esto no es un problema sólo de cifras: tiene impacto en barrios y comunidades. Donde se asientan redes de logística y cobro pueden aumentar la violencia, la intimidación y la economía informal que deja fuera a trabajadores y comerciantes que cumplen la ley. Además, la llegada de más cocaína y nuevos compuestos sintéticos afecta la salud pública y sobrecarga servicios locales de atención.
La situación exige una respuesta que vaya más allá de la represión policial. La experiencia europea muestra que la cooperación internacional —intercambio de inteligencia, controles en puertos y aduanas, medidas financieras para detectar lavado— reduce flujos; pero también es imprescindible invertir en prevención: programas sociales, educación, tratamiento de adicciones y oportunidades laborales que ataquen la oferta y la demanda.
El informe de The Guardian y alertas de Europol ponen en evidencia una lección simple: el crimen organizado se mueve hacia donde encuentra negocio y vulnerabilidades. La política pública tiene que cerrarle espacios, y la sociedad debe exigir transparencia en los movimientos financieros y mayor coordinación entre países.
En México, las autoridades enfrentan el reto de desmantelar redes que ya operan en el extranjero y en Europa se requiere reforzar la respuesta judicial y financiera. Mientras tanto, las comunidades deben ser parte de la solución mediante iniciativas locales de prevención y recuperación social. Si no se actúa con estrategia y apoyo social, la expansión podría profundizar heridas en ambos lados del Atlántico.
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