Berdegué impulsa reestructura de agricultura y despierta inquietud en el sector
Ciudad de México. El secretario de Agricultura, Berdegué, ha puesto en marcha una propuesta de reordenamiento interno que busca cambiar direcciones y prioridades dentro de la dependencia. La medida, dicen fuentes oficiales de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), pretende mejorar la coordinación y la respuesta ante emergencias fitosanitarias. Pero entre productores y funcionarios del propio gabinete la iniciativa ha generado dudas y malestar.
En las últimas semanas el tema se mezcló con la crisis del llamado gusano barrenador, que productores de varias regiones atribuyen a daños en cultivos básicos y a una respuesta tardía de las autoridades. Según comunicados y reportes consultados en la SADER, se han activado brigadas de inspección y programas de apoyo, pero para sectores campesinos los recursos y las instrucciones han llegado con retraso y sin claridad.
La reestructura que propone Berdegué —explican fuentes internas de la Secretaría— busca centralizar procesos y redefinir atribuciones en áreas como sanidad vegetal, extensionismo y compras públicas. Para el gobierno, la intención es “acortar tiempos” y evitar duplicidades. Para críticos, sin embargo, el movimiento parece más un ajuste de fuerza que una propuesta técnica, y abre el riesgo de que decisiones clave se tomen sin suficiente consulta con las organizaciones locales y las autoridades estatales.
Productores consultados por este periódico señalan que una reestructura mal aplicada puede traducirse en demoras concretas: trámites para acceder a insumos, pausas en la entrega de apoyos y confusión en protocolos de emergencia. La percepción entre algunos técnicos de campo es que la reorganización no va acompañada de un plan claro de transición, y eso puede agravar la ya sensible situación por plagas.
En el interior del gabinete también hay inquietudes. Funcionarios que prefirieron mantener el anonimato ante este medio consideran que ciertas áreas quedan “vacías” hasta que se designen nuevos titulares, y que esa fragilidad administrativa llega en un momento inoportuno. SADER, por su parte, ha insistido en que la reestructura será gradual y con criterios técnicos, según fuentes de la propia dependencia.
Ante la crisis del gusano barrenador, expertos independientes insisten en combinar medidas inmediatas y de largo plazo: reforzar la vigilancia fitosanitaria, apoyar a pequeños productores para que puedan aplicar controles sin endeudarse, y mejorar la comunicación pública para evitar alarmas injustificadas. La experiencia muestra que sin coordinación entre federación, estados y municipios las respuestas llegan desarticuladas.
Más allá de la técnica, el episodio pone sobre la mesa una pregunta política: ¿cómo se hacen cambios en una secretaría que ejerce recursos y políticas que afectan directamente la seguridad alimentaria y el ingreso de comunidades rurales? Para muchas organizaciones campesinas consultadas, cualquier ajuste debe incluir instancias de diálogo, transparencia en nombramientos y criterios públicos para asignar recursos.
La reestructura de Berdegué, por tanto, no es solo un asunto de organigramas. Es, en palabras de productores y técnicos, una decisión que puede traducirse en alimentos que llegan —o no— al mercado, en empleos rurales y en la capacidad del Estado para contener plagas que ponen en riesgo cosechas. Si la Secretaría actúa con claridad y apertura, puede ser una oportunidad para mejorar; si no, la sensación de improvisación podría profundizar la desconfianza.
Como corresponsales, seguiremos verificando cada movimiento y contrastando versiones con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), con organizaciones campesinas y con especialistas en sanidad vegetal. La invitación al público es a exigir transparencia y a participar en los espacios de consulta que se abran: las decisiones sobre el campo tocan la mesa de todos.
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