La base electoral que busca a los desaparecidos: el inesperado pilar de la identificación en méxico
Más de 120 mil personas desaparecidas han empujado a fiscales, peritos y familias a mirar donde no se esperaba: la base biométrica del padrón electoral. Lo que comenzó como una herramienta administrativa ahora es pieza clave para devolver nombres a los restos.
Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), en México hay más de 120 mil personas reportadas como desaparecidas. En ese contexto, reportes de El Imparcial de Oaxaca muestran cómo la base de datos del Instituto Nacional Electoral —con huellas dactilares y fotografías recolectadas al tramitar la credencial para votar— se ha convertido en una fuente para cotejar identificaciones forenses y localizar familiares.
¿Cómo ayuda la base electoral? En términos simples: cuando peritos recuperan restos con huellas o rasgos faciales, esos datos pueden compararse con las huellas y las imágenes del padrón. También sirve para ubicar domicilios, contactos y parentescos que facilitan la notificación a familiares y la obtención de muestras de referencia para pruebas de ADN.
La práctica no ha sido automática ni exenta de fricciones. Algunas claves del proceso:
- Intercambio con límites legales. El uso de la base exige acuerdos entre fiscalías, la Comisión Nacional de Búsqueda y el INE, además de salvaguardas para proteger datos personales, supervisadas por organismos como el Instituto Nacional de Transparencia.
- Casos de éxito y obstáculos. Hay identificaciones que se han logrado más rápido gracias a cruces biométricos; al mismo tiempo persiste un cuello de botella en laboratorios forenses, falta de personal y deterioro de muchas muestras.
- El papel de las familias. Colectivos de búsqueda y familias han impulsado y exigido el uso responsable de estas herramientas, al tiempo que piden mayor transparencia sobre procedimientos y resultados.
- Riesgos y controles. El acceso indebido o sin regulación podría vulnerar derechos; por eso organizaciones y autoridades insisten en protocolos claros, rendición de cuentas y consentimiento informado cuando corresponda.
Para quienes buscan a un familiar, la base electoral no es una solución mágica, pero sí una linterna que ilumina pistas. Un perito puede encontrar una huella parcial en un resto, compararla con el padrón y dar con el nombre y un domicilio. Con ese dato se avanza en la toma de muestras de sangre para la comparación de ADN y en la confirmación legal de la identidad.
¿Qué hace falta para que esta herramienta rinda más y mejor?
- Invertir en capacidad forense: más personal, equipos y agilidad en laboratorios.
- Protocolos claros y públicos para el acceso a la base electoral, con supervisión del INAI y participación de colectivos de familias.
- Integración efectiva entre registros: RNPDNO, bancos de ADN, peritajes estatales y el padrón del INE.
- Comunicación transparente hacia las familias: tiempos estimados, resultados y vías de reclamo.
La historia que revelan los datos es a la vez dura y esperanzadora. Dura porque la cifra de desapariciones sigue creciendo y porque el trabajo forense tiene rezagos. Esperanzadora porque herramientas que no se diseñaron originalmente para esto —como la base electoral— pueden reconvertirse para devolver identidades y dignidad a víctimas y familias.
El desafío ahora es institucionalizar esas prácticas: garantizar que la búsqueda sea rápida, respetuosa de derechos y con la participación de quienes más la necesitan. Como recogió El Imparcial de Oaxaca, la tecnología y los registros públicos pueden ser un aliado poderoso, siempre que existan reglas claras y la prioridad sea humana: encontrar a las personas y decirles a sus familias que ya no están solas.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por El Imparcial.
