Jóvenes oaxaqueños, al límite: aumentan ansiedad y depresión entre quienes cargan con la economía y la familia
La suma de presiones laborales, económicas y sociales deja huella: autoridades y datos oficiales advierten una tendencia creciente en trastornos mentales entre la población joven.
En las calles de la ciudad de Oaxaca y en las agencias municipales del interior, la conversación sobre salud mental ya no es un tabú: es una emergencia cotidiana. Según reportes y señales recogidas por la Secretaría de Salud de Oaxaca y datos nacionales de INEGI, en los últimos años se ha registrado un aumento en las consultas y diagnósticos por ansiedad y depresión entre personas jóvenes, especialmente en el grupo de 15 a 29 años.
“Siento que debo ser la solución de todo en casa: trabajo, gastos y estudios”, dice María, 23 años, estudiante y empleada informal. Su testimonio refleja lo que especialistas describen como un cruce peligroso entre precariedad económica, obligaciones familiares y expectativas sociales que pesan más cada día.
Profesionales en salud mental consultados por este medio coinciden en varios factores: la pérdida de empleos durante la pandemia y la lenta recuperación económica, la falta de oportunidades para jóvenes en zonas rurales y urbanas, la sobrecarga de responsabilidades en hogares multigeneracionales y el estigma que dificulta buscar ayuda. La Organización Mundial de la Salud y las autoridades sanitarias insisten en que estas condiciones elevan el riesgo de trastornos de ansiedad y depresión.
La oferta de servicios es limitada. En muchas comunidades de Oaxaca hay escasez de psicólogos y psiquiatras, barreras económicas para acceder a terapia y desconocimiento sobre tratamientos efectivos. La Secretaría de Salud de Oaxaca ha señalado la necesidad de ampliar programas de atención y prevención, pero las demandas superan la capacidad actual del sistema.
Más allá de la clínica, la solución también pasa por políticas públicas que alivien la presión económica: empleo digno, programas de apoyo a familias, servicios escolares de orientación y salud mental accesibles. Iniciativas comunitarias y modelos de atención primaria con énfasis en la prevención han mostrado avances cuando se implementan con recursos y coordinación entre escuelas, salud y trabajo social.
Para jóvenes como María, la combinación de medidas prácticas y apoyo cercano marca la diferencia: acceso a atención psicológica sin costo, espacios comunitarios donde hablar sin ser juzgados y capacitación para docentes y líderes locales. “Que nos escuchen y que haya opciones reales, no solo recomendaciones en redes”, agrega.
El reto es colectivo. La información de INEGI y los pronunciamientos de la Secretaría de Salud de Oaxaca dejan claro que la salud mental de las nuevas generaciones requiere prioridad presupuestal, programas sostenibles y participación ciudadana. Atender la ansiedad y la depresión en jóvenes no es solo un asunto clínico: es invertir en la capacidad de comunidades enteras para recuperarse y construir futuro.
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