Alerta en Oaxaca: ansiedad y depresión golpean a la juventud
La salud mental de los jóvenes oaxaqueños está en un punto crítico. Datos nacionales y observaciones locales señalan aumentos sostenidos en los cuadros de ansiedad y depresión entre personas de 15 a 29 años, un grupo que enfrenta presiones económicas, laborales, sociales y familiares que agravan su vulnerabilidad.
Según registros de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición y reportes de la Secretaría de Salud, los trastornos mentales entre jóvenes se han incrementado en los últimos años. En Oaxaca, periodistas y corresponsales de El Imparcial de Oaxaca han documentado casos y la percepción generalizada de falta de atención adecuada en comunidades urbanas y rurales. Expertos consultados por medios y autoridades sanitarias atribuyen parte del aumento a la combinación de desempleo, incertidumbre educativa tras la pandemia, migración familiar y estigma que demora la búsqueda de ayuda.
Varios jóvenes entrevistados por El Imparcial de Oaxaca describen la sensación de vivir «con el freno de mano puesto»: preocupaciones constantes por el dinero, la responsabilidad de apoyar a la familia y la competencia por pocos empleos estables. Uno de ellos señala en anonimato que la tristeza y la ansiedad le impiden completar sus estudios y dormir, pero que la consulta psicológica privada está fuera de su alcance.
La carencia de oferta pública es un problema recurrente. En comunidades indígenas y municipios alejados, los centros de salud no cuentan con profesionales especializados y la atención primaria rara vez integra evaluación psiquiátrica o psicoterapéutica continua. Esto obliga a muchas familias a recurrir a redes informales, a tratamientos no regulados o a la resignación.
No todo es diagnóstico y desánimo. Hay iniciativas locales y nacionales que prueban modelos de atención comunitaria, atención escolar y telepsicología que podrían ampliarse. Organizaciones civiles y colectivos juveniles en Oaxaca ya impulsan talleres de duelo, grupos de apoyo y campañas para quitar el estigma alrededor de pedir ayuda. Sin embargo, para tener impacto real se requiere mayor presupuesto público, capacitación de personal de salud y coordinación interinstitucional.
Qué se puede hacer ahora: incorporar la salud mental en la atención primaria, dotar de recursos a las escuelas para terna psicopedagógica, crear líneas telefónicas y servicios digitales accesibles en lenguas indígenas, y fortalecer programas de empleo juvenil que disminuyan la presión económica. Estas propuestas no son solo técnicos; implican reconocer que la salud mental es un asunto de justicia social.
La situación en Oaxaca exige respuesta urgente y responsable. Como reporta El Imparcial de Oaxaca, es momento de que autoridades estatales y federales, sociedad civil y comunidades jóvenes trabajen juntas para transformar la preocupación en políticas concretas. Si no se actúa, el costo humano y social será mayor. Si se actúa con sensibilidad y recursos, es posible recuperar trayectorias educativas y laborales, y devolver a muchas familias la tranquilidad que necesitan.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por El imparcialoaxaca .
