Oaxaca revive la memoria del 7S entre ruinas, reconstrucción y nuevas alertas
Hoy se cumplen nueve años del 7S y en Oaxaca la fecha vuelve a abrir una herida que no termina de cerrarse. A la nostalgia y al dolor por las pérdidas materiales y humanas se suman los temores actuales: en lo que va de 2026 se han registrado al menos 5 mil 877 sismos, cinco de ellos con magnitud igual o mayor a 5, según datos citados por El Imparcial de Oaxaca.
En municipios del Istmo y la Costa, las fachadas agrietadas, las casas con apuntalamientos provisionales y algunas escuelas aún en reparación son señales visibles de un proceso de reconstrucción que ha avanzado, pero que también presenta rezagos. Vecinas y vecinos recuerdan aquel 7 de septiembre como un antes y un después en sus vidas: hubo quien perdió la casa, quien perdió un negocio, quien todavía no confía en regresar a un inmueble que debería ser seguro.
El panorama oficial muestra esfuerzos en distintos frentes, pero la percepción social es que la ayuda no siempre llegó con la rapidez ni la equidad necesarias. El Imparcial de Oaxaca documenta retrasos en la entrega de apoyos, trámites engorrosos y casos de colonias donde la reconstrucción formal no ha alcanzado a todos. Enfrentar esos cuellos de botella sigue siendo indispensable para que la memoria no se traduzca solo en reclamo sino en aprendizaje y prevención.
La recurrencia sísmica de 2026 pone en evidencia por qué la resiliencia comunitaria es una prioridad. Cuando el suelo vibra con frecuencia, la fragilidad de viviendas sin normas actualizadas o sin mantenimiento salta a la vista. Entre las medidas que personas entrevistadas en distintos pueblos señalan como urgentes están la rehabilitación de escuelas, programas de vivienda digna con criterios sismorresistentes y capacitación local en respuesta y primeros auxilios.
La experiencia de las últimas décadas demuestra que la reconstrucción no es solo levantar muros, sino restablecer tejido social: mercados que vuelvan a funcionar, talleres que recuperen empleo, mujeres organizadas para apoyar a familias en riesgo. En algunos lugares se han generado iniciativas ciudadanas, brigadas de voluntarios y talleres comunitarios de mitigación que combinan saberes locales con orientaciones técnicas. Ese trabajo, aunque menor en recursos, muestra el poder de la organización comunitaria como complemento de la acción pública.
Desde la perspectiva institucional, las autoridades han anunciado programas y asignaciones presupuestales para obras y prevención. Pero la efectividad depende de coordinación entre instancias federales, estatales y municipales y de transparencia en los procedimientos. El reto es que los recursos lleguen a quienes realmente los necesitan y que las obras consideren el contexto cultural y económico de cada municipio.
Para no repetir errores es clave mejorar tres ejes: primero, inversión sostenida en infraestructura escolar y habitacional que cumpla con normas sismorresistentes; segundo, procesos de reconstrucción que prioricen a los hogares más vulnerables y que sean claros en tiempos y criterios; tercero, fortalecimiento de la cultura de prevención con simulacros reales, sistemas de alerta y capacitación ciudadana permanente.
La ciencia y la tecnología ayudan, pero la respuesta eficaz pasa por políticas públicas con enfoque social. Cuando una familia recupera su casa segura, cuando una escuela reabre con condiciones dignas, se protege el derecho a la educación y se reduce la desigualdad ante desastres. Esa perspectiva es la que deben buscar tanto autoridades como organizaciones civiles y la sociedad en su conjunto.
El recuerdo del 7S sigue vivo en las piedras, en las grietas de las fachadas y en las conversaciones de mercado. También está vivo en quienes trabajan para que la próxima sacudida encuentre mejores defensas. Como señala El Imparcial de Oaxaca, la conmemoración no debe ser solo rememorar el daño, sino impulsar compromisos reales: más prevención, más justicia en la asignación de recursos y más participación ciudadana para que la reconstrucción sea integral y duradera.
Hoy, nueve años después, Oaxaca exige que la memoria se traduzca en mejores políticas y en comunidad organizada. Esa debe ser la respuesta que cicatrice, aunque no olvide.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por El imparcialoaxaca .
