En Oaxaca, la antigua costumbre de adular a quienes ejercen el poder ha encontrado en las redes sociales un escenario particularmente favorable. Lo que antes ocurría en los pasillos de las oficinas gubernamentales, las reuniones privadas o los actos protocolarios, ahora se manifiesta mediante fotografías, felicitaciones y publicaciones donde algunas personas procuran demostrar su cercanía con gobernadores, secretarios, presidentes municipales y otros servidores públicos. La imagen junto al poderoso parece adquirir un valor especial, pues permite proyectar relaciones, influencias y una supuesta familiaridad con quienes ocupan posiciones importantes dentro de la estructura política.
No se trata, desde luego, de cuestionar las expresiones legítimas de reconocimiento ni las relaciones personales que puedan existir con una autoridad, sino de observar el comportamiento de quienes encuentran en la adulación una manera de quedar bien. Son aquellos que aprovechan cualquier encuentro para solicitar una fotografía, celebrar públicamente las decisiones del funcionario y atribuirle cualidades extraordinarias, aun cuando sus elogios no se encuentren acompañados de argumentos o resultados verificables. En estos casos, la admiración parece responder menos a las convicciones personales que al interés de hacerse visibles ante alguien cuya posición pudiera representar una oportunidad futura.
Esta práctica adquiere una dimensión particular en la vida política oaxaqueña, donde las relaciones personales y las redes de influencia forman parte de las dinámicas que merecen atención en el estudio de las instituciones. Las redes sociales permiten que algunos personajes construyan una imagen de cercanía con el poder mediante publicaciones constantes, mensajes complacientes y fotografías cuidadosamente seleccionadas. Sin embargo, lo verdaderamente revelador no siempre se encuentra en aquello que publican mientras el funcionario conserva su autoridad, sino en la manera en que modifican sus expresiones de admiración cuando las circunstancias políticas comienzan a cambiar.
Porque hay algo que quienes buscan quedar bien conocen perfectamente, aunque pocas veces lo expresen públicamente. El poder es temporal, los cargos concluyen y los funcionarios que hoy reciben homenajes eventualmente abandonarán las oficinas desde las cuales ejercen su autoridad. Cuando eso suceda, algunos de sus antiguos admiradores encontrarán nuevas razones para felicitar, reconocer y fotografiarse con quienes lleguen a sustituirlos. Las imágenes cambiarán de protagonista, pero las palabras serán prácticamente las mismas, porque el liderazgo, la sensibilidad y el compromiso que ayer parecían exclusivos de una persona comenzarán a atribuirse, con idéntico entusiasmo, a su sucesor.
Al final, la adulación política revela una forma de relacionarse con el poder en la que la lealtad puede confundirse con la conveniencia y el reconocimiento con la expectativa de obtener algún beneficio. Los funcionarios pasan, las administraciones terminan y las antiguas fotografías quedan como testimonio de admiraciones que parecían permanentes, mientras sus protagonistas procuran acercarse a las nuevas autoridades. En este escenario, lo importante para quienes han convertido la lisonja en una práctica habitual no parece ser la persona ni sus convicciones, sino la posición que ocupa. **Porque en Oaxaca, como en las antiguas cortes, algunos no necesitan ser leales al rey, sino solamente estar cerca de la corona. Muera el rey. ¡Viva el rey!**
En Oaxaca Político sostenemos que la pluralidad de voces enriquece el debate público. Por eso, este artículo refleja el punto de vista personal de quien lo firma, y no necesariamente el de nuestra redacción.
