Políticos que no sueltan la ubre: cómo se perpetúa el control del presupuesto en Oaxaca
Por Raúl Nathán Pérez
En Oaxaca hay una regla no escrita: salir del cargo significa desaparecer del mapa político. Lo demás, vivir sin presupuesto, es considerado un lujo imposible. Esta dinámica —documentada en un reportaje de El Imparcial de Oaxaca— explica por qué muchos funcionarios y exfuncionarios buscan reelegirse, brincar a otra curul o encubrir a un delfín. El resultado es una red de intereses que mantiene el control sobre la distribución de recursos y decide, en la práctica, cómo se gasta y en quiénes recae el beneficio.
El patrón se repite: figuras que ocupan varias veces cargos públicos por la vía plurinominal o que saltan entre municipios y estados para seguir «sorbando de la ubre». Nombres como Margarita García, Maribel Martínez, Irma Juan Carlos, Carol Altamirano o Carmen Bautista Peláez aparecen en ese mapa. También quienes cambian de partido o cargo, como Raúl Bolaños Cacho Cué o Alejandro Avilés, mantienen influencia sin que la ciudadanía vea resultados claros en servicios básicos, seguridad o desarrollo local.
Ese afán por la visibilidad se traduce en campañas de espectáculo: repartir despensas, pintar banquetas, hacer tequios mediáticos y multiplicar apariciones en redes sociales. Son actos que generan imagen pero rara vez cambian la vida cotidiana de la gente. En el terreno municipal se observan otras consecuencias: decisiones erráticas en ordenamiento urbano, proyectos improvisados o endeudamiento creciente, como señalan casos en la capital y en municipios como Santa Lucía del Camino y Miahuatlán.
La tensión entre las promesas nacionales y la realidad local también sale a la luz. Líderes de Morena a nivel federal repiten que no habrá pactos con la delincuencia; en Oaxaca, en cambio, operan agrupaciones y redes clientelares que respaldan candidaturas y consolidan cobros y favores. Esa estructura, que algunos llaman Alianza de Sindicatos y Asociaciones del Estado de Oaxaca, funciona como brazo local de control, según el seguimiento de El Imparcial de Oaxaca.
¿Qué pierden las vecinas y los vecinos con este statu quo? Transparencia en la asignación de recursos, proyectos con viabilidad técnica real, atención consistente a salud y educación, y la posibilidad de renovar liderazgo sin pagar peaje político. Cuando el poder se concentra en mantener la “ubre”, las prioridades comunitarias quedan subordinadas a la conservación del puesto.
La solución no es simple, pero comienza con tres pasos concretos: exigir rendición de cuentas real y periódica, fortalecer contrapesos locales (órganos ciudadanos y medios independientes) y votar con información sobre trayectoria y resultados, no solo por presencia mediática. Como recuerda el trabajo de El Imparcial de Oaxaca, la política local no es un teatro; es la gestión de los recursos que sostienen escuelas, calles, clínicas y servicios.
Si queremos que la ubre sea para el bien común, es momento de romper la costumbre de premiar la permanencia por la permanencia. Ciudadanas y ciudadanos informados y organizados pueden transformar esa dinámica. La pregunta que queda es simple: ¿seguiremos dejando que el presupuesto sea coto de unos cuantos o lo recuperamos para la comunidad?
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por El Imparcial
