Ibarra acelera para quedarse con la plaza de Rocha; en Palacio inquieta su cercanía con Delgado
Por: corresponsal
El diputado Jesús Ibarra ha tejido en las últimas semanas una red de apoyos que, según fuentes consultadas por este diario, lo colocan como el favorito para completar el periodo hasta 2027 en la gubernatura que dejaría Rubén Rocha. Sin embargo, en Palacio Nacional hay señales de preocupación por su cercanía con el dirigente nacional Mario Delgado y por señalamientos públicos sobre presunto «huachicol fiscal» que han reaparecido en el debate público.
En el Congreso, legisladores de Morena y aliados describen a Ibarra como un actor con capacidad de sumar voluntades: reuniones con alcaldes, respaldos de sectores sociales y cabildeo entre diputados localitas. «Tiene estructura y recursos políticos», dijo a este diario un integrante de la bancada que pidió no ser identificado. Esos apoyos, añaden las fuentes, lo posicionarían para asumir la administración estatal hasta 2027 si la vacante se concreta.
Desde Palacio Nacional —según funcionarios consultados— la lectura es otra. La cercanía de Ibarra con Mario Delgado reabre debates sobre lealtades internas y el reparto de cuadros en las entidades. En términos prácticos, explican, un aspirante muy identificado con la dirección nacional puede alterar equilibrios locales: acuerdos con municipios, manejo de presupuesto y nombramientos clave en salud, educación y seguridad. Para la ciudadanía, eso se traduce en decisiones que afectan servicios públicos y programas sociales.
En medios locales y en redes sociales han reaparecido acusaciones de huachicol fiscal vinculadas a redes de fraude y desvío de recursos que, según los críticos, tocaban ámbitos donde habría influido Ibarra. Estas imputaciones no son, por ahora, sentencias; fuentes judiciales consultadas por este diario indican que no hay, hasta hoy, una resolución pública que confirme culpabilidad. Ibarra, por su parte, ha rechazado las imputaciones y su equipo sostiene que son campañas de desprestigio de adversarios políticos.
Analistas políticos consultados por este diario señalan que el conflicto combina dos dimensiones: el poder formal de quien controla la candidatura y el poder informal de las redes políticas. «No es solo quién tiene los votos, sino quién controla las palancas del gobierno que influirán en servicios y obra pública», dijo una académica experta en gobernabilidad. Esa tensión influye en la percepción ciudadana sobre la transparencia y la gobernabilidad local.
Para la gente en las calles, la disputa tiene un impacto concreto. Vecinos de comunidades que acudieron a este diario coincidieron en que lo que esperan no es tanto el nombre del relevo como la garantía de que los programas sociales se mantendrán, que haya claridad en las cuentas y que no se detengan proyectos de salud y educación. «Que no cambien las becas ni se frene el apoyo a las clínicas», dijo una madre de familia en una colonia rural.
Qué sigue: la disputa por la sucesión se seguirá dirimiendo en pasillos y en la arena pública. Si el apoyo de Ibarra se consolida, su cercanía con Mario Delgado será vista por unos como un activo que agiliza acuerdos y por otros como un riesgo de centralizar decisiones. En Palacio Nacional, mientras tanto, mantienen la alerta y monitorean señales que puedan afectar la estabilidad política del estado.
Este diario continuará siguiendo el tema y contrastará versiones con autoridades estatales, representantes de la bancada y las instancias fiscales correspondientes para ofrecer a la ciudadanía información verificable sobre cualquier avance. El nombramiento o la sustitución no es un asunto solo de nombres: decidirá el rumbo de políticas públicas que tocan la vida cotidiana hasta 2027.
Fuentes: fuentes legislativas, funcionarios de Palacio Nacional y entrevistas realizadas por este diario.
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