Comer fuera de casa, un lujo cada vez más esquivo para las familias oaxaqueñas

El simple acto de salir a comerse una quesadilla o un pollo rostizado se ha vuelto un 9% más caro en comparación con hace un año. Este incremento en el bolsillo de los oaxaqueños se refleja en el menú de los establecimientos locales, donde porciones de arroz, pollos rostizados y carnitas para llevar alcanzan ahora hasta los 60 pesos por persona. Una realidad que impacta directamente en la economía familiar y en las costumbres sociales.

¿Por qué el aumento en los precios?

La inflación, ese fantasma que ronda las economías domésticas, es la principal responsable de este encarecimiento. Varios factores convergen para explicar este fenómeno. El costo de los insumos básicos, desde las verduras y la carne hasta los productos de limpieza y el gas para cocinar, ha ido en aumento. A esto se suma el incremento en los costos de transporte, que encarece la llegada de estos productos a los mercados y, por ende, a las cocinas de los restaurantes y fondas.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) ha registrado un comportamiento al alza en los últimos meses, afectando de manera particular al rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas. Si bien el porcentaje exacto de incremento puede variar entre establecimientos y tipos de platillos, el sentir general entre los consumidores y propietarios de negocios es de un encarecimiento palpable.

El impacto en la mesa familiar

Para muchas familias oaxaqueñas, comer fuera de casa no es un lujo, sino una necesidad o una forma de socialización importante. Ya sea para darse un respiro de las labores domésticas, para celebrar ocasiones especiales o simplemente para compartir un momento juntos, salir a comer ha sido una tradición arraigada. Sin embargo, con este aumento del 9%, lo que antes era una salida accesible, ahora representa un desembolso considerable.

«Antes podíamos venir a comer un pollo para tres o cuatro personas por unos 300 pesos. Ahora, con lo mismo, nos quedamos cortos. Tenemos que pensarlo dos veces antes de decidir salir», comenta doña Elena, quien acude semanalmente a un conocido restaurante de pollo rostizado en el centro de la ciudad. «Se agradece que todavía haya lugares que intentan mantener los precios, pero es difícil con todo lo que sube».

La situación es similar para quienes optan por comidas para llevar. Las tradicionales carnitas o las porciones de guisados del día, antes una opción económica y conveniente, ahora requieren una mayor planificación presupuestaria. La familiaridad de un taco de carnitas o un plato de arroz con pollo, sin duda, se siente diferente cuando el precio ha subido casi un 10%.

Retos y esperanzas para el sector restaurantero

Los restauranteros y propietarios de fondas no son ajenos a esta problemática. Muchos se enfrentan al dilema de trasladar estos aumentos a sus clientes o absorberlos, lo que impacta directamente en sus márgenes de ganancia. «Intentamos no subir mucho los precios para no espantar a la gente, pero llega un punto en que es insostenible», explica Miguel Ángel, propietario de una pequeña fonda en la colonia Xoxocotlán. «Las compras diarias son más caras, el gas, la luz… todo ha subido. Tratamos de ser eficientes, pero es una lucha constante».

A pesar de los retos, la resiliencia y la creatividad del sector restaurantero oaxaqueño se hacen patentes. Muchos negocios están buscando optimizar sus costos, negociar con proveedores y, en algunos casos, ajustar los tamaños de las porciones o los menús para ofrecer opciones más accesibles sin sacrificar la calidad. Iniciativas para promover el consumo de productos locales y de temporada también pueden ser un camino para mitigar los efectos de la inflación en los costos de los ingredientes.

El acceso a alimentos de calidad y asequibles es fundamental para el bienestar de la población. Si bien el incremento en el costo de comer fuera de casa es una realidad palpable, es importante mantener una visión constructiva. Se espera que las políticas públicas orientadas a estabilizar los precios de los alimentos y a apoyar a los pequeños y medianos empresarios del sector gastronómico puedan ofrecer un respiro en el futuro cercano, permitiendo que las familias oaxaqueñas sigan disfrutando de sus platillos favoritos sin que represente un sacrificio mayor.

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