Cifras duras del INEGI retratan la precariedad en octubre de 2025

Misael Sánchez

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) correspondientes a octubre de 2025. Los datos no admiten adornos: la población económicamente activa alcanzó el 60.5%, un número que, aunque pueda sonar técnico, describe la realidad de millones de mexicanos que buscan o tienen un empleo para llevar sustento a sus hogares. Lo preocupante no es solo la cifra en sí, sino lo que se esconde detrás de ella, revelando una precariedad que se ha ido acentuando.

Este ejercicio del INEGI nos pinta un cuadro donde, si bien hay movimiento en el mercado laboral, la calidad de los empleos y las condiciones en las que se desempeñan muchas personas dejan mucho que desear. Es como mirar una casa con muchas ventanas abiertas, pero sin calefacción en pleno invierno: parece que hay actividad, pero la gente sigue pasando frío.

**El empleo informal: un fantasma persistente**

Uno de los aspectos más duros que arroja la ENOE de octubre es la persistencia del empleo informal. Un alarmante **54.8% de la población ocupada se encuentra en esta situación**. ¿Qué significa esto en términos prácticos? Significa que casi seis de cada diez trabajadores no cuentan con seguridad social, un respaldo fundamental ante enfermedades, accidentes laborales o la llegada de la vejez. Es como caminar por una cuerda floja sin red de seguridad, donde cualquier tropiezo puede tener consecuencias devastadoras.

Los trabajos informales, aunque necesarios para muchas familias, suelen venir acompañados de bajos salarios, largas jornadas y una total ausencia de prestaciones. No hay aguinaldo, no hay vacaciones pagadas, no hay aportaciones para el retiro. Para muchos, es la única opción ante la falta de oportunidades formales, y eso es una señal de alerta que no podemos ignorar.

**Jóvenes y mujeres: los más afectados**

Las cifras del INEGI también ponen el foco en grupos particularmente vulnerables. La **tasa de desempleo entre los jóvenes de 15 a 24 años se situó en un preocupante 10.2%**. Muchos de ellos, recién egresados de escuelas y con ganas de aportar, se encuentran con una barrera de entrada difícil de superar. Es una generación con potencial, pero que corre el riesgo de quedarse rezagada si no se generan las condiciones adecuadas.

Por su parte, las mujeres continúan enfrentando obstáculos adicionales. Si bien su participación en la población económicamente activa ha ido creciendo, **su tasa de informalidad es ligeramente superior a la de los hombres**, y a menudo se encuentran concentradas en sectores con peores condiciones laborales y salariales. La conciliación entre la vida laboral y familiar sigue siendo un desafío mayúsculo que impacta directamente en sus oportunidades.

**La brecha salarial se mantiene**

Otro dato que no podemos obviar es la brecha salarial. Si bien el INEGI no proporciona un desglose detallado por género o sector en este reporte específico, la tendencia histórica y los indicadores de precariedad apuntan a que los salarios promedio en los puestos informales y de baja cualificación siguen siendo insuficientes para cubrir las necesidades básicas de una familia. Se estima que el ingreso promedio de un trabajador formal es significativamente mayor que el de uno informal, perpetuando ciclos de desigualdad.

**¿Qué hay detrás de estas cifras?**

Estas cifras duras del INEGI no son meros números fríos. Son el reflejo de políticas públicas que, en algunos casos, no han logrado generar empleos de calidad suficientes, o que no han atacado de raíz las causas de la informalidad. La falta de inversión en sectores productivos clave, la lenta formalización de la economía y la necesidad de fortalecer los programas de capacitación y apoyo para emprendedores son temas que requieren atención urgente.

**Un llamado a la acción constructiva**

Reconocer la precariedad laboral no es un acto de pesimismo, sino un paso necesario para buscar soluciones. El objetivo debe ser claro: construir un mercado laboral donde el trabajo sea digno, justo y ofrezca seguridad a todos los mexicanos. Esto implica fomentar la inversión en sectores que generen empleo formal, fortalecer el Estado de derecho para que las empresas cumplan con sus obligaciones, y brindar apoyos concretos a quienes más lo necesitan.

La participación ciudadana, el diálogo constante entre gobierno, sector empresarial y trabajadores, y una apuesta decidida por la educación y la capacitación son pilares fundamentales para revertir esta tendencia. Las cifras del INEGI nos invitan a la reflexión y, sobre todo, a la acción coordinada para asegurar que octubre de 2025, y los meses venideros, sean el principio de una mejora tangible en la vida laboral de millones de compatriotas.