Más allá del tercer informe (I)

La política mexicana, con sus viejas mañas que persisten, llega a un punto crucial en el cuarto año de gobierno. Es el momento en que un gobernador consolida su proyecto o se pierde en discursos vacíos, dejando a su sucesor una carga de tareas pendientes. Salomón Jara Cruz se encuentra en esta encrucijada. La consulta de revocación de mandato, que se avecina, le obligará a enfrentar su gestión y a mirar más allá de los aplausos y los actos masivos.

El verdadero compromiso de Jara Cruz, como señala Raúl Nathán Pérez en su análisis para *El Imparcial de Oaxaca*, no debe ser con su partido ni con figuras nacionales, sino con Oaxaca. Los eventos multitudinarios no son sinónimo de lealtad ni eficiencia; a menudo, son solo un escaparate de protagonismo. Es tiempo de soltar lastres y saldar los compromisos adquiridos durante la campaña. Muchos llegaron a cargos públicos de forma inesperada, transitando de realidades modestas a la opulencia de la función pública, lo que inevitablemente genera la percepción de un «funcionario rico versus pueblo jodido». Como recomendó el expresidente Adolfo Ruiz Cortines, es momento de evaluar la lealtad y deshacerse de «mulas», pues siempre hay talento disponible para mejorar el equipo de gobierno.

La agenda pendiente: un reflejo de la percepción pública

Intentar simular que todo marcha sobre ruedas sería un error. La imagen del gobernador Jara Cruz ha sufrido un desgaste, y sus detractores se han multiplicado. Como bien cita Lucano en la *Farsalia*, «el hombre de poder no siempre está seguro de que se le quiera». Tres factores han sido especialmente determinantes en esta baja de imagen.

Primero, el decreto para el despido de empleados de base previsto para diciembre de 2024. Un movimiento que muchos califican como una torpeza, impulsada por la impronta de alguno de sus allegados. Segundo, la llamada «familia real», un nepotismo que ha sido señalada como un caso único en la historia política, ha sido un foco constante de crítica por el presunto desvío de recursos públicos.

Y tercero, la contradicción entre la austeridad republicana y el derroche observado en ciertos aspectos de la administración. Este derroche resulta insultante para un estado con profundas brechas de pobreza. La pregunta clave es si se han superado realmente los niveles de ocupación hotelera y la derrama económica en el sector turístico. Las cifras de cada temporada vacacional son a menudo engrosadas con discursos optimistas, pero el dinero público parece volcarse en viajes, Guelaguetzas, ferias y festivales. ¿Qué hay de las áreas cruciales como ecología, más allá de las verificaciones vehiculares que parecen más un afán recaudatorio que una política ambiental efectiva? Los festivales de aves y otras celebraciones similares, aunque atractivas, contrastan con la realidad del campo oaxaqueño, donde los campesinos ven cómo sus esfuerzos se diluyen, esperando cosechar un futuro que se vislumbra incierto.

Apretar tuercas en obra pública y seguridad

A nivel nacional, el panorama es complejo, pero Oaxaca se encuentra persistentemente a la cola de las estadísticas. Los Servicios de Salud en el Estado (SSO) continúan en una espiral descendente, y en materia de obra pública, el avance es lento, calificable de «paso de cojo». Temas como el estado deplorable de la red de carreteras generan un malestar generalizado. La carretera Mitla-Tehuantepec sigue sin fecha de conclusión, y la Barranca Larga-Ventanilla parece ser una obra perpetua.

Si bien es cierto que muchas de estas obras dependen de la Federación, surge la pregunta sobre el poder de interlocución del gobierno estatal con la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT). Además, la inacción de senadores y diputados en la atención a estos rubros agrava la situación. La inseguridad y la corrupción son otros frentes que requieren atención prioritaria y mayor espacio en la agenda pública.

Breves de la grilla local

Entender la política actual exige más estómago que inteligencia. La incorporación de priistas al Movimiento Ciudadano (MC) es vista como un reflejo de conveniencia y oportunismo. Como recordaba Tito Livio en su *Historia de Roma*, los traidores difícilmente pueden confiar en compromisos, y un tránsfuga que no ofrece nada al nuevo bando es un cuerpo aislado, sin valor y digno de repudio.

La gestión pública en Oaxaca, bajo el escrutinio del tercer informe, presenta un panorama complejo donde los avances deben medirse con rigor y los retos abordarse con determinación y transparencia. La ciudadanía espera un gobierno que responda a sus necesidades más apremiantes, más allá de los discursos y los actos protocolarios.

RAÚL NATHÁN PÉREZ

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