Diez años después, intento de reforma al IEEPO queda en simulación
Hace una década se publicó un decreto que prometía transformar el sistema educativo de Oaxaca. Diez años después, la promesa sigue detenida: el diagnóstico y las demandas persisten y, según reportes de El Imparcial de Oaxaca, persisten prácticas como la existencia de comisionados, el pago doble de plazas y la ausencia de evaluaciones docentes que garanticen mejoras en las aulas.
Lo ocurrido en 2015 se vendió como un esfuerzo para modernizar la educación estatal. En la práctica, denuncian docentes y organizaciones locales citadas por El Imparcial de Oaxaca, la estructura del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) no sufrió cambios sustanciales. Esas denuncias apuntan a vacíos de rendición de cuentas y a una burocracia que, dicen, termina beneficiando a unos pocos en lugar de mejorar la enseñanza para la mayoría.
Para la comunidad escolar esto no es un asunto abstracto. Cuando los recursos se destinan mal o cuando faltan evaluaciones serias y acompañamiento profesional, quienes lo sienten son las niñas y los niños: menos oportunidades de aprendizaje, maestros con baja motivación y escuelas con escasos incentivos para innovar. Maestras y maestros consultados por medios locales describen una sensación de estancamiento que afecta su trabajo cotidiano y la confianza de las familias en el sistema educativo.
Las críticas alrededor de los comisionados y los dobles sueldos no son nuevas en Oaxaca. En contextos donde la supervisión ciudadana es débil, se multiplican las prácticas que dificultan la transparencia. La falta de procesos de evaluación claros y con garantías también limita la posibilidad de diseñar políticas enfocadas en la profesionalización docente y en mejores resultados para el alumnado.
No todo es pesimismo. En diversas comunidades y escuelas persisten iniciativas de base: colectivos de padres, maestros comprometidos y organizaciones civiles que impulsan capacitación, evaluación participativa y proyectos culturales que buscan mejorar el aprendizaje desde lo local. Esos esfuerzos muestran que otro rumbo es posible si hay voluntad política y control ciudadano.
Las tareas pendientes son concretas. Primero, una auditoría pública e independiente sobre la gestión del IEEPO que identifique responsabilidades y recomiende cambios institucionales. Segundo, medidas para eliminar la duplicidad de salarios y transparentar las comisiones, con nombres, funciones y resultados públicos. Tercero, reinstaurar procesos de evaluación docente que estén acompañados de formación continua y condiciones laborales dignas, no como castigo sino como oportunidad de crecimiento profesional.
La sociedad oaxaqueña puede exigir estas transformaciones. La educación no mejora con decretos en vitrinas; mejora con seguimiento, recursos bien administrados y la participación activa de maestras, maestros, familias y autoridades. Si el decreto de 2015 quedó en simulación, la lección debería ser clara: no basta con la letra, hacen falta hechos verificables.
Esta crónica se apoya en el trabajo y las denuncias publicadas por El Imparcial de Oaxaca y en los testimonios que circulan en comunidades educativas. Diez años después, la tarea es exigir transparencia, reforzar la profesionalización docente y poner a los estudiantes en el centro de las decisiones.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por El imparcialoaxaca .
