Sheinbaum reivindica a Cárdenas como antecedente de la cuarta transformación
La presidenta Claudia Sheinbaum rindió homenaje al papel de Cuauhtémoc Cárdenas en el cambio político de México y lo situó como uno de los precursores de lo que hoy llama la Cuarta Transformación. Según La Jornada, Sheinbaum hizo un recuento que parte del movimiento de 1988 —la elección que marcó un quiebre en la política nacional—, sigue con la creación del PRD y culmina, en su visión, con la fundación de Morena como nuevo proyecto político.
En palabras de la propia mandataria, retomadas por La Jornada, la acción de Cárdenas y de muchas personas en aquel momento «puso los cimientos» para un proceso más amplio de cambio. Esa frase busca conectar una continuidad histórica: del despertar ciudadano de finales de los ochenta a la reorganización de la izquierda en los años noventa y, más adelante, al surgimiento de un movimiento que desembocó en la creación de Morena como partido político en 2014, después de haberse gestado como movimiento desde 2011.
El contexto importa. La elección de 1988 y la posterior fundación del PRD en 1989 abrieron la puerta a una mayor pluralidad partidista y a nuevas formas de movilización social. Sheinbaum, al recordarlo, plantea que la actual administración retoma algunas demandas históricas: combate a la desigualdad, acceso a servicios básicos y una mayor presencia del Estado en programas sociales. Pero también matiza: reconocer orígenes no es olvidar retos.
En la práctica, la referencia a Cárdenas sirve para explicar por qué el gobierno habla de continuidad y de legado político. Para la ciudadanía, lo que importa son los resultados: ¿se traducen esas palabras en mejor salud, educación, empleo y seguridad? Sheinbaum y su equipo suelen señalar avances en programas sociales y obras de infraestructura; los críticos piden mediciones claras y respuestas frente a la inseguridad y la economía.
El gesto de reivindicar figuras históricas como Cárdenas cumple una función política y simbólica. Ayuda a anclar una narrativa: no se trata solo de una administración más, sino de un proceso que, según sus promotores, recoge luchas y experiencias de varias décadas. Desde un punto de vista constructivo, esa narrativa puede servir de puente para impulsar políticas públicas con respaldo ciudadano, siempre que vayan acompañadas de transparencia y evaluaciones independientes.
La llamada a la participación ciudadana fue otro eje de la intervención: Sheinbaum invitó a consolidar las instituciones mediante la participación y el escrutinio público. Es una apuesta que exige diálogo, datos y resultados verificables. Si el pasado dio impulso, el presente pide mayor eficacia y rendición de cuentas para que las promesas se reflejen en la vida cotidiana de las personas.
Fuente: La Jornada.
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