Sheinbaum reafirma cero tolerancia a pactos con grupos criminales

Mensaje claro contra la complicidad

En una entrevista con El Imparcial de Oaxaca, la presidenta Claudia Sheinbaum afirmó con contundencia: “Nosotros nunca vamos a hacer acuerdos con la delincuencia organizada”. La funcionaria buscó dejar claro que su gobierno apuesta por la legalidad y por políticas públicas que reduzcan la presencia del crimen sin negociar con quienes la cometen.

Sheinbaum situó la posición en términos prácticos: evitar pactos significa reforzar investigaciones, profesionalizar cuerpos policiales y coordinar a niveles federal, estatal y municipal para que la respuesta sea judicial y no negociada. Según lo relatado a El Imparcial de Oaxaca, su administración apuesta también por programas sociales orientados a atender causas de violencia y a ofrecer alternativas a jóvenes en riesgo.

Este compromiso llega en un contexto en el que muchas comunidades esperan resultados concretos. La presidenta reconoció retos: impunidad persistente, necesidad de más capacidades en las fiscalías y la urgencia de apoyar a víctimas y familias. No basta con la declaración, subrayó; hace falta transparencia en detenciones, procesos y en el uso de recursos para seguridad.

Especialistas en seguridad coinciden en que la postura es necesaria pero insuficiente si no va acompañada de medidas medibles: fortalecimiento de la investigación forense, combate a la corrupción que permea las instituciones y políticas públicas de prevención del delito. Desde la mirada cotidiana, la ausencia de acuerdos con el crimen debe traducirse en calles más seguras, tribunales que fallen conforme a la ley y programas sociales que reduzcan la presión sobre jóvenes y barrios vulnerables.

Para la ciudadanía, la invitación es clara y práctica: exigir rendición de cuentas, participar en mecanismos locales de prevención y apoyar a las iniciativas de atención a víctimas. Como reporta El Imparcial de Oaxaca, la promesa de “cero acuerdos” abre una ventana de esperanza, pero solo será efectiva si se acompaña de resultados verificables y de un sistema de justicia capaz de sancionar a los responsables.

La pregunta que queda en el aire es cómo medir ese compromiso en los próximos meses. La respuesta dependerá de indicadores concretos: disminución de impunidad, mejoras en la investigación criminal y mayor protección a quienes sufren violencia. Mientras tanto, la postura de la presidenta marca una línea política y ética que enfrenta la compleja realidad de seguridad en México.

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