Regresan las cabinas telefónicas como centros comunitarios

Por: Redacción

En varias localidades de México las cabinas telefónicas vuelven a instalarse, pero ya no son las mismas que recordamos: están pensadas para servir a la comunidad y cerrar brechas digitales.

Según reportes de El Imparcial de Oaxaca, gobiernos municipales, organizaciones civiles y empresas de telecomunicaciones están apostando por versiones modernizadas de las cabinas: no solo permiten hacer llamadas, sino que ofrecen conexión Wi‑Fi, puntos para cargar teléfonos, información pública, acceso a trámites digitales y botones de emergencia. Es decir, pasan de ser relictos del pasado a convertirse en pequeños centros de servicio público.

¿Por qué este regreso? La explicación tiene varios hilos que se entrelazan. Primero, la brecha de acceso a internet y a dispositivos móviles sigue siendo real en muchas zonas rurales y periurbanas. Instituciones como el Instituto Federal de Telecomunicaciones y el INEGI han documentado desigualdades que complican el acceso a la educación, salud y trámites en línea. Las cabinas ofrecen una solución complementaria: un punto físico donde quien no tiene conexión en casa puede comunicarse y realizar gestiones digitales.

Segundo, hay un componente de política pública y de imagen urbana. Muchos ayuntamientos ven en estas cabinas una forma de acercar servicios sin depender exclusivamente de presencia presencial en oficinas —especialmente útil en comunidades dispersas— y de dotar de infraestructura básica sin grandes inversiones. Al mismo tiempo, operadores privados encuentran modelos de negocio o de responsabilidad social que permiten mantenerlas.

Tercero, la función social. En varios reportes locales recogidos por El Imparcial de Oaxaca, habitantes explican que las cabinas sirven para coordinar apoyos comunitarios, ubicarse durante emergencias y como punto de encuentro para información sobre salud y programas sociales. En palabras sencillas, la cabina vuelve a ser un faro de comunicación en barrios donde la red no llega igual.

No todo es avance sin reto. La modernización implica mantenimiento, conectividad estable, protección contra vandalismo y capacitación para que la gente use los servicios digitales con seguridad. También hace falta transparencia: ¿quién financia la operación? ¿qué datos personales se recaban y para qué se usan? El balance entre beneficio social y control ciudadano debe discutirse con claridad.

Desde un enfoque práctico, estas son las claves para que la iniciativa funcione: planificación municipal alineada con el estado y la federación; participación de la comunidad en la vigilancia y cuidado de las unidades; acuerdos claros con proveedores sobre mantenimiento y privacidad; y programas de alfabetización digital que permitan aprovechar las cabinas más allá de una llamada esporádica.

La reaparición de las cabinas telefónicas puede verse como una metáfora: no se trata de revivir el pasado por nostalgia, sino de transformar una estructura conocida en una herramienta útil hoy. Si se colocan bien —en plazas, mercados, escuelas— y se dotan de conectividad y acompañamiento, pueden ayudar a reducir desigualdades y a reforzar el tejido comunitario.

El regreso de estas cabinas obliga a una pregunta ciudadana sencilla y contundente: ¿queremos que sean espacios públicos que nos conecten, o solo postales del pasado? La respuesta depende de cómo las comunidades y las autoridades se organicen para cuidarlas y aprovecharlas.

Fuentes: Reportes locales de El Imparcial de Oaxaca, documentos públicos del Instituto Federal de Telecomunicaciones e INEGI sobre acceso digital y políticas de conectividad.

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