Pan en crisis interna: panistas acusan a Romero de facilitar avance de “Alito”
Renán Barrera y la alcaldesa Ale Gutiérrez encendieron las alarmas; la fallida campaña de afiliación agrava la desconfianza
Dirigentes y militantes del Partido Acción Nacional (PAN) comienzan a expresar públicamente una molestia que hasta hace poco se quedaba en los pasillos: acusan a Romero, un influyente dirigente dentro del blanquiazul, de abrir la puerta para que Alejandro “Alito” Moreno, líder del PRI, recupere terreno político. La tensión se ha hecho visible en reclamos desde Yucatán y Guanajuato, y en reportes sobre la debacle de la estrategia de afiliación masiva del PAN.
Renán Barrera, desde Yucatán, y la alcaldesa Ale Gutiérrez en Guanajuato han sido las voces más resonantes. Sus críticas, recogidas en columnas y notas publicadas por Reforma y El Universal, ponen énfasis en que ciertos gestos y acuerdos tácticos podrían traducirse en una normalización del diálogo con el PRI que muchos panistas consideran ingenuo o hasta contraproducente.
La polémica no es solo de intereses internos: toca la percepción ciudadana. Para electores que votaron por el PAN como alternativa al PRI, cualquier señal de acercamiento se lee como un retroceso. “Es como si se borraran las líneas que distinguían proyectos”, dicen fuentes panistas consultadas por este diario. En la práctica, esto puede erosionar la confianza en candidaturas locales y en la capacidad del partido para ofrecer propuestas claras en seguridad, salud y servicios públicos.
Al caldo se suma el fiasco de la campaña de afiliación masiva que el PAN impulsó en meses recientes. La estrategia, diseñada para renovar cuadros y ampliar la base, no alcanzó las metas prometidas en varias entidades, según reportes de prensa y declaraciones de liderazgos estatales. Ese fracaso provoca dos efectos peligrosos: por un lado, deja al partido con menos músculo organizativo; por otro, fortalece narrativas internas sobre la necesidad de acuerdos externos para sostener candidaturas y recursos.
¿Qué está en juego? Más allá de intrigas partidistas, las decisiones que tomen hoy los liderazgos del PAN repercutirán en la oferta política para 2027 y en la gobernabilidad local. Si la militancia interpreta que se negocian espacios a espaldas de la base, el castigo puede venir en las urnas o en una mayor desbandada hacia otras opciones políticas. Por el contrario, una gestión transparente y una agenda social clara podrían recuperar credibilidad.
El llamado de quienes cuestionan a Romero es doble: primero, clarificar toda negociación y someter los acuerdos a órganos internos; segundo, corregir la estrategia de reconstrucción orgánica del partido, con más capacitación local y menos tácticas de corto plazo. En entrevistas y pronunciamientos que han sido reportados por Reforma y El Universal, figuras panistas piden tiempo para reorganizarse y evitar improvisaciones que beneficien al PRI.
Para la ciudadanía, la invitación es a vigilar. Los partidos no solo disputan cargos: moldean políticas que afectan vida cotidiana —desde seguridad en las calles hasta inversión en escuelas y clínicas—. Si la política se mueve en acuerdos opacos, el riesgo es que esas decisiones respondan a calculadoras electorales y no a prioridades sociales.
Este conflicto interno del PAN es, en suma, un termómetro de la salud democrática: muestra cómo las organizaciones responden a derrotas, cómo reconstruyen confianza y cómo traducen diferencias en propuestas útiles para la gente. Habrá que observar si Romero y la dirigencia nacional optan por la apertura y la rendición de cuentas, o si siguen caminos que permitan a “Alito” recuperar terreno en la suma de fuerzas partidistas.
Este artículo recoge denuncias y análisis plasmados en notas de Reforma y El Universal, así como testimonios de militantes y dirigentes consultados por este medio.
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