Oaxaca alcanza la plata en el mapa nacional del chisme; solo Yucatán la supera
Un 23% de la población de Oaxaca se identifica como “chismosa”; la autopercepción es más alta entre jóvenes, según un estudio nacional citado por El Imparcial de Oaxaca.
Oaxaca suma un nuevo distintivo popular: ser la segunda entidad con mayor proporción de habitantes que se reconocen como chismosos. De acuerdo con el estudio nacional citado por El Imparcial de Oaxaca, el 23% de los oaxaqueños se declara así, y el segmento juvenil encabeza esa autopercepción.
Detrás de esta cifra hay explicaciones sociales y culturales. El chisme no es sólo rumor: funciona como una red informal de información en comunidades donde la comunicación institucional a veces falla. En pueblos y colonias, las conversaciones en la calle, en mercados y en reuniones familiares sirven para enterarse de empleos, trámites y problemas de servicios básicos. Sin embargo, cuando se convierte en desinformación o en estigmatización, también erosiona la confianza y puede afectar la convivencia.
Los jóvenes, según el estudio, están al frente de la autodenominación como chismosos. Eso puede tener lecturas distintas: por un lado, refleja la intensa socialización entre pares y el uso extendido de redes sociales como canal rápido para compartir noticias locales; por otro, exige atención sobre cómo circula la información entre generaciones y qué rol tienen las plataformas digitales en la calidad de esos contenidos.
Desde la mirada pública, estos hallazgos sugieren dos prioridades: mejorar la comunicación gubernamental y fortalecer la educación mediática. Cuando la ciudadanía no recibe información clara y oportuna sobre programas de salud, educación o servicios, los vacíos se llenan con rumores. Una estrategia que combine transparencia municipal, canales de información accesibles y alfabetización digital puede reducir el daño de la desinformación, sin criminalizar las prácticas sociales de la comunidad.
También conviene reconocer el aspecto positivo: el intercambio de información informal facilita la vida cotidiana en contextos donde las instituciones tardan en llegar. La tarea de autoridades y organizaciones civiles es entonces transformar esa energía comunicativa en espacios seguros y verificables, por ejemplo, centros comunitarios con acceso a internet y talleres sobre verificación de noticias impulsados por escuelas y bibliotecas públicas.
Para actuar localmente, expertos y dirigentes sociales recomiendan campañas de comunicación claras y en lenguas indígenas, protocolos de transparencia municipal y programas escolares que enseñen a diferenciar rumor de información verificada. Así se protege la convivencia y se mejora el acceso a derechos básicos, desde atención médica hasta programas sociales.
En palabras sencillas: el chisme dice mucho de cómo nos comunicamos como sociedad. Que Oaxaca esté en segundo lugar es una invitación a aprovechar esa sociabilidad para fortalecer la confianza pública, no a estigmatizar a quienes conversan en la calle. El reto es convertir la charla cotidiana en información útil y responsable.
Fuente: estudio nacional citado por El Imparcial de Oaxaca.
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