Oaxaca entre los diez estados con más tierra agrícola y 1.3 millones que la trabajan
Datos del INEGI colocan a la entidad en el octavo lugar por superficie agrícola; la mayor parte de la fuerza laboral no recibe pago regular
Oaxaca confirmó lo que para muchos campesinos ya era evidente: la tierra sigue siendo su principal capital. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el estado se ubica entre los diez con mayor superficie dedicada a la agricultura, ocupando el octavo lugar a nivel nacional.
Detrás de ese dato hay rostros y esfuerzos. En la entidad laboran 1.3 millones de personas en el campo, y de ellas alrededor de 1.2 millones lo hacen sin recibir una remuneración formal, apunta el propio INEGI. Eso significa que gran parte del trabajo agrícola es familiar, de subsistencia o se realiza en condiciones de informalidad que limitan acceso a seguridad social, crédito y apoyos técnicos.
Para entenderlo de forma sencilla: Oaxaca tiene mucha tierra cultivable, pero gran parte de esa riqueza no se traduce en ingresos estables para la gente que la trabaja. El maíz, los frijoles, el café y otros cultivos sostienen comunidades enteras, pero también arrastran problemas históricos como baja tecnificación, falta de riego, pérdida de suelo y mercados con precios volátiles.
Las cifras del INEGI obligan a poner el foco en políticas concretas. Primero, mejorar el acceso a servicios básicos para el campo: sistemas de riego, asistencia técnica y mecanismos de comercialización que permitan mejores precios. Segundo, formalizar el trabajo agrícola sin criminalizar la economía familiar, mediante esquemas que reconozcan y apoyen la labor de las mujeres y los jóvenes rurales. Tercero, programas de financiamiento accesible que no sean trampas de endeudamiento, sino palancas para agregar valor a la producción local.
Hay señales de avance, pero también recordatorios de los retos. La gran extensión agrícola es una oportunidad para la soberanía alimentaria y para impulsar cadenas productivas locales, siempre que el Estado y la sociedad acompañen con inversión, capacitación y respeto a los derechos de las comunidades indígenas y campesinas.
Productores consultados coincidieron en una idea sencilla: la tierra sola no alcanza; hace falta acompañamiento. Si el campo oaxaqueño es la raíz, las políticas públicas deben trabajar como riego: constantes, accesibles y orientadas a que la cosecha beneficie a quienes la siembran.
Fuente: INEGI. También resultan relevantes los diagnósticos de las autoridades agrícolas para diseñar programas que mejoren condiciones de vida y trabajo en el medio rural.
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