Oaxaca en alerta por aumento acelerado de obesidad
Una enfermedad que pesa en la vida cotidiana
Oaxaca vive un repunte preocupante en casos de obesidad que ya prende alarmas entre autoridades, personal de salud y familias. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT 2021), más del 70% de las personas adultas en México presentan sobrepeso u obesidad. En el estado, la Secretaría de Salud de Oaxaca reporta un incremento de consultas relacionadas con enfermedades crónico-degenerativas asociadas al exceso de peso, como la diabetes y la hipertensión.
La obesidad no es solo un número: afecta la capacidad de trabajar, el bolsillo por los gastos médicos y la vida cotidiana de quienes la padecen. María, vendedora ambulante de 42 años en el centro histórico de la ciudad, cuenta que desde que su jornada exige menos esfuerzo físico y los alimentos procesados son más accesibles, su familia ha ganado peso. “Antes caminábamos más y la comida era de la casa. Ahora todo viene en bolsa y es más barato”, dice.
Los factores detrás del aumento son múltiples y están documentados por organismos como la ENSANUT y la Organización Mundial de la Salud (OMS): cambios en la dieta hacia alimentos ultraprocesados, consumo elevado de bebidas azucaradas, reducción de la actividad física, y barreras económicas y de acceso a alimentos frescos en zonas urbanas y rurales. En Oaxaca, esa transición convive con la doble carga de la malnutrición: comunidades que enfrentan tanto carencias alimentarias como exceso de calorías vacías.
Desde el punto de vista sanitario, el aumento de la obesidad significa mayor demanda de atención primaria, pruebas y medicamentos; también eleva el riesgo de complicaciones graves por COVID-19 y otras enfermedades respiratorias, como ya advirtió la Secretaría de Salud. Además, el costo humano y económico recae con fuerza sobre hogares que no siempre cuentan con redes de apoyo o servicios de prevención adecuados.
¿Qué puede hacerse? Expertos consultados por este medio proponen intervenciones claras y locales: promover alimentación escolar saludable, regular la venta de bebidas azucaradas en entornos escolares, apoyar huertos comunitarios, mejorar la infraestructura para la movilidad activa y fortalecer los programas de atención primaria. La OMS subraya que las políticas públicas fiscales y de etiquetado son herramientas efectivas para reducir el consumo de productos ultra procesados.
En Oaxaca ya existen iniciativas de salud pública y organizaciones civiles que trabajan en prevención y educación nutricional, pero falta coordinación y una estrategia sostenida que incluya presupuesto, evaluación y participación comunitaria. Como señala un médico de la capital estatal, “no bastan campañas de un mes; se necesita transformar el entorno para que elegir lo saludable sea lo más fácil”.
Este es un tema que toca decisiones cotidianas: qué comer, cómo moverse, dónde comprar. Por eso, además de las acciones gubernamentales, la respuesta implica a escuelas, mercados, pequeñas empresas y familias. La ENSANUT y la Secretaría de Salud ofrecen datos y guías que pueden orientar políticas locales; el reto es traducir esas recomendaciones en acciones concretas que mejoren la vida de las y los oaxaqueños.
Fuente: ENSANUT 2021, Secretaría de Salud de Oaxaca y Organización Mundial de la Salud.
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