Niños y adolescentes representan 13% de la migración mundial, advierte la OEA
En Latinoamérica y el Caribe la proporción sube a 25%, según Ayuda en Acción y el IIN‑OEA
Las niñas, niños y adolescentes (NNA) no son cifras: son vidas en movimiento. Un estudio titulado Infancias en movilidad humana, elaborado por la organización Ayuda en Acción junto al Instituto Interamericano del Niño, la Niña y Adolescentes de la Organización de Estados Americanos (IIN‑OEA), calcula que aproximadamente 13 por ciento de la población migrante en el mundo son menores. En Latinoamérica y el Caribe esa proporción llega al 25 por ciento.
Para ponerlo en claro: casi uno de cada ocho migrantes a escala global es un niño o adolescente; en nuestra región, uno de cada cuatro. Esa realidad tiene consecuencias concretas: interrupción escolar, riesgos de explotación y trata, atención médica insuficiente, y un impacto profundo en la salud mental de quienes huyen con sus familias o solos.
Los datos del estudio de Ayuda en Acción y el IIN‑OEA muestran que muchos menores se desplazan acompañando a familiares, pero una proporción significativa lo hace en tránsito irregular o separado de sus redes de apoyo. Eso complica la aplicación de medidas de protección y obliga a los Estados a diseñar respuestas específicas, no solo generales para la población migrante adulta.
¿Qué se está jugando en la política pública? En términos prácticos, significa que los gobiernos deben garantizar acceso a educación, atención en salud física y mental, procesos ágiles de identificación y reunificación familiar, y protocolos que eviten la detención de menores por su condición migratoria. También implica coordinación regional para rutas seguras y mecanismos de protección transfronterizos.
Hay avances: algunas jurisdicciones han implementado programas de matrícula escolar inmediata para menores migrantes y protocolos de atención en salud mental. Pero según el informe de Ayuda en Acción y el IIN‑OEA, las políticas siguen siendo fragmentadas y, en muchos casos, insuficientes frente al volumen y la complejidad de los flujos.
Una metáfora simple: imaginar que en cualquier cruce fronterizo o estación de transporte hay una fila de ocho personas y que una de ellas es un niño. Esa imagen debe bastar para preguntarnos si nuestras respuestas son las adecuadas para proteger a quienes menos pueden defenderse.
La solución no es solo del Estado. Se requiere impulsar la participación de la sociedad civil, fortalecer a organizaciones comunitarias y aumentar la cooperación entre países. Ayuda en Acción y el IIN‑OEA insisten en políticas basadas en derechos y en la coordinación interinstitucional: escuelas abiertas a la matrícula, centros de salud con protocolos sensibles a la infancia migrante y programas de integración social y laboral para las familias.
Qué puedes hacer como ciudadano: informarte, exigir políticas públicas que prioricen la protección infantil, apoyar a organizaciones que trabajan con NNA en movilidad y promover la solidaridad en tu comunidad. La migración es un fenómeno colectivo; la respuesta también debe serlo.
Los números del estudio no son una alarma abstracta: son una llamada a actuar hoy para que la infancia en movimiento encuentre protección, oportunidades y un futuro digno.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por La Jornada
