Mujeres impulsan la tradición y la economía del tejate en Huayápam
Feria en Huayápam reafirma tradición y sustento familiar
Huayápam, Oaxaca. En la plaza del pueblo, mesas con cazuelas y rodillos recuerdan que el tejate no es solo una bebida: es trabajo, memoria y, para muchas familias, el ingreso que paga la luz y la despensa. Según Quadratín, la feria anual de Huayápam reunió a decenas de mujeres que mantienen viva la receta ancestral y la convierten en sustento cotidiano.
El tejate se elabora con maíz nixtamalizado, cacao, semillas de mamey y la llamada flor de cacao. En manos de las vendedoras, la mezcla cobra textura y espuma blanca, y se ofrece en vasos que se consumen en las calles, en la feria y en los mercados cercanos. Para muchas de ellas, el día comienza temprano: preparar la masa, tostar y moler las semillas, montar el puesto y atender a la clientela, todo mientras combinan labores domésticas y cuidado de la familia.
La presencia de estas mujeres en ferias y mercados tiene un impacto directo en la economía local. Quadratín recogió testimonios que apuntan a que la venta del tejate representa un ingreso estable en comunidades donde las oportunidades laborales son limitadas, sobre todo para personas que se quedan en el campo cuando otros migran a la ciudad o al extranjero.
Sin embargo, la actividad enfrenta retos. El costo de los ingredientes ha subido y el trabajo en la informalidad hace difícil acceder a apoyos oficiales o financiamiento. Además, la transmisión del oficio a las nuevas generaciones no es automática: muchas jóvenes optan por estudiar o buscar empleo fuera, lo que pone en riesgo la continuidad de la tradición.
Frente a esto, las organizadoras de la feria y colectivos locales han buscado homologar espacios de venta, promover el consumo entre visitantes y promover talleres para jóvenes. Estas iniciativas, en conjunto con la visibilidad que medios como Quadratín le dan al evento, ayudan a que el tejate no sea solo recuerdo sino una fuente real de ingresos.
Proteger el tejate implica reconocer el trabajo de las mujeres que lo preparan, garantizar condiciones para su comercialización y apoyar políticas públicas que combinen cultura y economía. Más allá del sabor, está en juego la posibilidad de que estas familias mantengan su sustento y que una tradición oaxaqueña siga siendo motor de comunidad.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por Oaxaca Quadratin
