Extorsión asfixia empresas y frena la inversión, advierte Coparmex
«Inseguridad e incertidumbre, freno a la inversión», declaró Juan José Sierra Álvarez, y esa frase resume lo que empresarios y comerciantes viven día a día en varias regiones del país.
La extorsión continúa siendo una de las principales amenazas para la actividad económica local: no es solo el pago que exigen los criminales, sino el golpe a la confianza que ahuyenta proyectos, reduce empleos y encarece la operación de negocios formales. En conversación con El Imparcial de Oaxaca, Sierra Álvarez, representante de Coparmex en la entidad, subrayó que el fenómeno se ha vuelto una carga creciente para micro, pequeñas y medianas empresas.
Para entenderlo, imagina una filtración en el techo de una casa: al principio es una molestia controlable, pero si no se atiende termina dañando la estructura. Así sucede con la extorsión: las empresas pagan para evitar problemas inmediatos, pero la práctica erosiona la capacidad de invertir, contratar y crecer.
Los efectos son visibles. Empresarios consultados por Coparmex reportan que parte de la inversión proyectada se redirige a medidas de protección o simplemente queda suspendida. La consecuencia directa es una menor creación de empleos formales y más informalidad en la economía, lo que a su vez reduce la recaudación y la capacidad del Estado para brindar servicios.
Las cifras oficiales sobre percepción de inseguridad, como las que publica ENVIPE del INEGI, muestran que la victimización y la sensación de riesgo siguen siendo elevadas en muchas regiones. Coparmex, al documentar que la extorsión golpea sobre todo a comercios y pequeñas empresas, pide respuestas concretas y coordinadas entre autoridades y sociedad civil.
¿Qué proponen los empresarios organizados? Sierra Álvarez y otros dirigentes plantean medidas que van desde mejorar la atención y seguimiento a las denuncias hasta programas de protección y apoyo para quienes denuncian, así como acciones preventivas enfocadas en la prevención social del delito. También insisten en la necesidad de fortalecer las instituciones encargadas de investigar y sancionar, y de asegurar mecanismos de atención rápida para las zonas más afectadas.
Es importante subrayar que la solución no es solo policiaca. Las estrategias exitosas combinan prevención social, acompañamiento jurídico a víctimas, esquemas de protección para testigos y programas de reactivación económica para áreas golpeadas. La colaboración entre cámaras empresariales, autoridades municipales y ciudadanía puede reducir la impunidad y restablecer confianza.
Desde una óptica ciudadana, hay pasos prácticos: denunciar, apoyar a negocios locales comprometidos con la legalidad y participar en iniciativas comunitarias que exijan transparencia y seguridad. Para que una ciudad funcione, las pequeñas y medianas empresas necesitan el mismo derecho básico que cualquier persona: la tranquilidad de trabajar sin miedo.
Coparmex y actores locales llaman hoy a no normalizar la extorsión. Que no se convierta en un impuesto invisible que asfixia iniciativas y frena el futuro. Como recordó Juan José Sierra Álvarez en su declaración a El Imparcial de Oaxaca, la inseguridad es un freno a la inversión, pero también una invitación a construir soluciones colectivas y urgentes.
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