Morena apuesta por Cota y Valles para disputar Baja California Sur y Sonora en 2027
La dirección nacional de Morena confirmó en días recientes que impulsará a Manuel Cota y Lorenia Valles como sus cartas rumbo a las gubernaturas de Baja California Sur y Sonora en 2027. Los anuncios, que según reportes de El Universal se hicieron tras un proceso de encuestas internas, despertaron críticas de militantes en ambos estados y un llamado de la dirigencia a “cerrar filas” alrededor de las decisiones.
Las reacciones no se hicieron esperar. En comités locales y en redes sociales, sectores del partido acusaron imposición y pidieron mayor apertura en la selección de candidaturas. Militantes en La Paz y en Hermosillo describieron el ambiente como tenso: algunos aceptan la propuesta como una estrategia para competir contra la alianza opositora; otros reclaman mecanismos más democráticos y la celebración de consultas amplias.
La dirigencia nacional defendió el método de encuestas y argumentó que es una herramienta para medir competitividad electoral. Morena sostiene, según El Universal, que los resultados muestran a Cota y Valles con mejor posicionamiento frente a opositores y que la prioridad es evitar fracturas que entreguen las plazas a la derecha. Sin embargo, la defensa técnica del método no ha apaciguado del todo a las bases, que piden claridad sobre cómo se aplicaron los criterios y qué peso tuvieron distintas mediciones.
Para la ciudadanía, la disputa no es solo interna: el nombre del candidato define prioridades públicas. En Baja California Sur, la elección toca temas de empleo ligado al turismo, acceso a servicios de salud en municipios alejados y la gestión del agua. En Sonora, se juegan asuntos como seguridad, inversión agroindustrial y conectividad. Que Morena elija a perfiles competitivos no garantiza que las propuestas respondan a esas urgencias; de ahí la insistencia de activistas y liderazgos locales en construir plataformas programáticas vinculadas a problemas concretos.
El posible costo político de imponer candidaturas es doble. Primero, la desmovilización de militantes molestos que podrían optar por la abstención o la deslealtad en la campaña. Segundo, la narración que la oposición podría aprovechar: acusar a Morena de decisiones verticales en lugar de procesos participativos. Por eso dirigentes locales han pedido mesas de reconciliación y acuerdos para integrar comités de campaña que incluyan a distintos sectores del partido.
Analistas consultados en reportes de El Universal subrayan que la elección de 2027 será más competida que la de 2021 en varias entidades. La estrategia de Morena, en ese marco, parece concentrarse en anticipar nombres con arraigo o reconocimiento público; la prueba será traducir ese reconocimiento en propuestas creíbles y en redes territoriales que movilicen votantes.
La lección política para la próxima etapa es clara: si Morena quiere convertir candidaturas en ventajas electorales debe combinar la evaluación técnica con legitimidad interna y claridad programática. En este punto coinciden militantes críticos y gobernantes que buscan evitar fracturas.
Mientras la dirigencia insiste en las encuestas y en la unidad, los próximos meses serán decisivos para observar si Cota y Valles logran transformar el impulso desde la cúpula en apoyo real en las calles, mercados y comunidades donde se define el voto. El llamado final desde la base es simple y práctico: explicar cómo las propuestas mejorarán la vida cotidiana —empleos, salud, seguridad y servicios— y escuchar a quienes hoy se sienten fuera del proceso.
Reporte basado en declaraciones de la dirigencia de Morena y en cobertura de El Universal.
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