Libreta en mano, memoria en pie
Un cuaderno pequeño que convierte observaciones en evidencia para los días en que la verdad corre riesgo de perderse
El periodismo no nace cuando se publica. Nace antes, cuando alguien decide mirar con atención y anotar lo que ve, como quien guarda munición para una guerra que aún no empieza. Esa libreta —manchada, arrugada, a veces escondida— es la primera arma contra el olvido: preserva nombres, fechas, conversaciones y el rastro de decisiones públicas que de otro modo se desvanecen.
En México, donde la violencia contra informadores y la desaparición de personas generan un contexto hostil, el registro no es lujo sino deber. Artículo 19 documenta que la presión sobre la prensa obliga a guardar pruebas de manera segura; Reporteros Sin Fronteras alerta sobre la creciente impunidad. Al mismo tiempo, el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) muestra por qué cada testimonio, cada nota, puede ser pieza de una investigación que se reabra años después.
Hablé con reporteras y reporteros locales que pidieron anonimato por seguridad. Me contaron cómo digitalizan copias, las depositan en el Archivo General de la Nación cuando es posible, o las distribuyen entre colegas para evitar su pérdida. Esa práctica, además de técnica, es política: visibiliza problemas que afectan a comunidades —feminicidios, desalojos, contaminación de ríos— y obliga a las instituciones a rendir cuentas.
No todo depende del oficio: hacen falta políticas públicas que protejan archivos independientes y recursos para preservar la memoria. El Estado puede y debe fortalecer al Archivo General de la Nación y crear protocolos que garanticen la custodia de documentos periodísticos sin criminalizar a quienes informan. Mientras tanto, la sociedad tiene un papel: reconocer el valor de esas libretas y exigir que las historias que contienen no se conviertan en silencio oficial.
La libreta, humilde y portátil, es una forma de democracia en acto: convierte observaciones privadas en evidencia pública. Guardarla, digitalizarla, compartirla y protegerla es defender el derecho a saber. Como apunta Artículo 19, la seguridad del periodismo es la seguridad de la comunidad; sin memoria no hay justicia, y sin justicia la memoria se pierde.
Soy periodista y hoy invito a colegas y lectoras a revisar sus cuadernos, a pensar en el archivo como parte del trabajo y a exigir, con datos y con nombres, que las instituciones —y nosotros mismos— protejamos lo que contamos.
Contenido y material gráfico conforme a lo difundido por Agencia Oaxaca
