Juchitán: nueve años sin mercado para las cocineras tradicionales
Promesas de reconstrucción y apoyos no llegaron; las vendedoras luchan por un espacio digno y por mantener viva la cocina zapoteca
Juchitán de Zaragoza, Oax. — En septiembre de 2017 un sismo de gran magnitud cambió el paisaje del Istmo. Nueve años después, las tolvas de recuerdos siguen abiertas: el mercado municipal, corazón donde durante generaciones las cocineras tradicionales vendieron mano a mano sabores y saberes, no ha recuperado su lugar original y muchas mujeres no han vuelto.
Este reportaje de Diario Istmeño documenta cómo promesas de reconstrucción y paquetes de apoyo anunciados por autoridades estatales y federales quedaron, en varios casos, en trámites o en obras inconclusas. Según entrevistas con vecinas, cocineras y comerciantes, recopiladas durante las últimas semanas, las que cocinan a diario viven una doble pérdida: la económica y la cultural.
“Antes entraban de a poco, se sentaban, comían y platicábamos. Ahora hay menos gente, y yo llevo mi olla a la banqueta”, cuenta una vendedora que selló su testimonio con resignación. Las historias se repiten: espacios convertidos en escombros, puestos provisionales en la calle sin servicios básicos, y costos mayores para mantener la venta. Varias cocineras relatan que la clientela disminuyó por la dispersión del mercado y por la precariedad del nuevo espacio.
La cocina tradicional de Juchitán no es solo alimento: es memoria, técnica heredada y punto de encuentro social. Cuando las cocineras pierden su lugar de trabajo pierden también la posibilidad de transmitir recetas y formas de trabajo a las nuevas generaciones. Organizaciones culturales y activistas locales han registrado el riesgo de que platos, tiempos y formas de servicio se diluyan fuera del mercado, en ventas más informales y con menos estabilidad.
Fuentes consultadas por este medio, incluyendo reportes periodísticos y entrevistas con autoridades municipales, coinciden en que la reconstrucción ha sido lenta por la combinación de faltas administrativas, insuficiencia presupuestal y cambios en los proyectos de intervención. Mientras tanto, las mujeres se organizan: algunas han formado comités para reclamar recursos, otras participan en ferias y actividades culturales para mantener visibilidad.
Hay señales de avance, pero insuficientes. Las autoridades locales afirman que existen planes de mejoramiento que incluyen espacios dignos y mercados con enfoque cultural, según declaraciones recogidas en sesiones municipales. Sin embargo, para las cocineras el calendario de obras sigue sin traducirse en puestos con techos, agua potable y accesos adecuados.
La solución requiere tres acciones claras: recursos dirigidos y verificables para rehabilitar el mercado, diseños participativos que pongan a las cocineras en el centro de la decisión y programas de apoyo para preservación cultural que incluyan formación intergeneracional y promoción turística responsable. Así lo plantean colectivos de mujeres y especialistas en patrimonio alimentario consultados por Diario Istmeño.
La historia de Juchitán muestra que reparar muros no es suficiente; hay que reconstruir tejidos sociales. Si el mercado vuelve a ser el lugar donde se cruzan sabores y conversaciones, la justicia de la reconstrucción habrá avanzado. Mientras tanto, las cocineras siguen vendiendo donde pueden, aferradas a sus ollas y a la memoria de una plaza que todavía les debe un regreso digno.
Diario Istmeño seguirá dando seguimiento a las gestiones de las autoridades y a las iniciativas comunitarias hasta que las promesas se traduzcan en obras concretas y en la restitución del espacio para las cocineras de Juchitán.
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