Seis contagios diarios en hospitales públicos: qué está fallando y qué se puede hacer
Los más afectados son menores de un año y personas de 65 o más, según reportes locales y fuentes oficiales
En promedio, seis pacientes se infectan cada día dentro de hospitales públicos del país. Así lo reporta El Imparcial de Oaxaca, que recoge testimonios y datos que alertan sobre un problema que toca a familias de todo México. Las cifras ponen en evidencia que los más vulnerables son los bebés menores de un año y las personas de 65 años o más, grupos que suelen entrar a los hospitales con defensas bajas y salen con riesgos adicionales.
Las causas son varias y se entrelazan como en una cadena: saturación de hospitales, faltas de personal, infraestructura envejecida, protocolos de limpieza insuficientes y prácticas de higiene que no siempre se cumplen. A esto se añade el reto de la resistencia a los antibióticos, un fenómeno que la Organización Panamericana de la Salud y la Secretaría de Salud han señalado como factor que complica el tratamiento de estas infecciones.
Un hospital lleno es como una sala en la que todo se contamina con facilidad; una silla sin limpiar, guantes que no se cambian, o instrumentos mal esterilizados son puntos donde el contagio puede empezar. Para complicar la situación, la vigilancia epidemiológica en algunos centros no detecta a tiempo estos brotes, lo que retrasa la intervención y aumenta la propagación.
Desde la Secretaría de Salud se reconocen avances parciales: programas de control de infecciones, campañas de higiene de manos y normativas para manejo de desechos. Pero médicos y trabajadores de la salud consultados por este periódico señalan que esas medidas tropiezan con recortes presupuestales, turnos extenuantes y falta de capacitación continua.
El impacto en la vida cotidiana es directo. Una infección adquirida en el hospital puede alargar una estancia, aumentar costos para las familias, incrementar la carga para el sistema y, en los casos más graves, provocar secuelas o la muerte. Para los adultos mayores y los niños pequeños, cada día es crítico; una complicación más puede significar la diferencia entre recuperarse en casa o entrar en una cadena de cuidados complejos.
¿Qué se puede hacer ya? Primero, reforzar la higiene básica: lavado de manos obligatorio para todo el personal y visitantes, supervisión constante y suministros adecuados de jabón y desinfectantes. Segundo, invertir en capacitación del personal y en personal suficiente para evitar sobrecargas. Tercero, mejorar la infraestructura y los procesos de esterilización. Cuarto, fortalecer los programas de vigilancia para detectar y reaccionar ante brotes de inmediato. Finalmente, impulsar la política de uso racional de antibióticos para frenar la resistencia.
La ciudadanía también tiene un papel. Preguntar al personal sobre medidas de higiene, exigir información sobre el estado de limpieza, y vacunar a los niños y adultos mayores son acciones concretas. La transparencia en los hospitales, con reportes públicos de infecciones nosocomiales, ayudaría a fiscalizar avances y a presionar por soluciones.
Los retos son grandes, pero hay caminos posibles. Si se mira la salud pública como una responsabilidad colectiva, invertir en prevención y control de infecciones deja de ser gasto para convertirse en ahorro y protección de vidas. Como señaló una enfermera entrevistada para esta nota, mantener limpias las manos es tan importante como mantener la esperanza: ambas salvan vidas.
Fuentes: El Imparcial de Oaxaca, Secretaría de Salud, Organización Panamericana de la Salud.
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