Artesanos de todos santos luchan por sobrevivir ante oleada de productos chinos
La llegada masiva de objetos baratos y copias industriales desplaza a creadores locales; tapetes de arena y técnicas tradicionales quedan en el olvido, dicen los afectados.
Todos Santos — Artesanos y comerciantes del mercado local de Todos Santos denuncian que la oferta de artículos importados desde China ha cambiado radicalmente el comercio en la plaza. Según testimonios recogidos y reportados por El Imparcial de Oaxaca, muchos talleres familiares ven caer sus ventas día a día frente a piezas que se venden a un precio imposible de igualar.
«Antes vendíamos nuestros tapetes de arena en temporadas de fiesta; ahora nadie pregunta por ellos», dice María Hernández, tejedora de la comunidad. «Lo que entra por la carretera es barato, luce parecido, pero no es nuestro trabajo», añade otro artesano que prefirió no revelar su nombre.
El impacto es doble: la economía local pierde ingresos y las técnicas tradicionales pierden practicantes. Los tapetes de arena son un ejemplo de prácticas comunitarias que, además de ser un oficio, forman parte de la memoria colectiva en celebraciones y rituales. Cuando la demanda desaparece, las nuevas generaciones dejan de aprender.
Comerciantes locales atribuyen el problema a la diferencia de costos y a la falta de políticas públicas que protejan la producción artesanal. «No es solo competencia; es un mercado distorsionado», explica un vendedor. «Si el gobierno compra decoración para oficinas o eventos, que sea a artesanos locales, no a productos industriales que no generan empleo aquí».
Frente a esta realidad, líderes comunitarios y agrupaciones culturales plantean medidas concretas: etiquetado claro que distinga piezas hechas a mano, ferias locales con promoción nacional, programas de compras públicas dirigidas a productores del municipio y capacitación para incorporar diseño y comercio electrónico sin sacrificar identidad.
Especialistas en desarrollo local consultados por El Imparcial de Oaxaca sugieren además asesoría técnica para acceder a microcréditos, certificaciones y cadenas de valor que permitan aumentar valor agregado sin perder la esencia artesanal.
El reto no es solo económico. Se trata de conservar oficios, memoria e identidad. Proteger la artesanía no significa cerrar fronteras, sino crear condiciones para que el trabajo local compita en dignidad: mejores precios para los productores, acceso a mercados y la decisión pública de preferir lo hecho en casa cuando se trata de decorar edificios municipales o promocionar el destino.
Mientras tanto, en las plazas, las conversaciones entre vecinos, artesanos y autoridades apenas comienzan. «Nos hace falta que nos oigan y que las compras públicas nos incluyan», resume María. Si no hay respuestas, advierten, quienes quedan pueden terminar vendiendo lo mismo que hoy los desplaza.
Fuente: El Imparcial de Oaxaca.
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