Más de un siglo después, Oaxaca vuelve a colocar simultáneamente a dos de sus paisanos en posiciones centrales de los Poderes de la Unión. Hugo Aguilar Ortiz y Raúl Bolaños Cacho Cué llegan, sin embargo, desde historias profundamente distintas: uno construyó su trayectoria desde su origen indígena y el trabajo con los pueblos; el otro pertenece a una familia política que durante generaciones ha mantenido cercanía con el poder.
Oaxaca, Oax.— La historia tiene coincidencias que llaman la atención. En 1903, el político y jurista oaxaqueño Miguel Bolaños Cacho, quien posteriormente sería gobernador de Oaxaca, presidió la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.
Pocos años después, entre 1908 y 1910, con una extensión hasta 1911, otro jurista oaxaqueño, Demetrio Sodi Guergué, encabezó la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Más de 120 años después, dos oaxaqueños vuelven a coincidir en la conducción de esas instituciones.
Desde el 1 de septiembre de 2025, Hugo Aguilar Ortiz preside la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Un año después, Raúl Bolaños Cacho Cué llegó a la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.
La coincidencia histórica es evidente. Pero las historias que hay detrás de ambos nombramientos son muy diferentes.
Hugo Aguilar: una trayectoria ganada desde abajo
La llegada de Hugo Aguilar Ortiz a la presidencia de la Corte tiene un significado particular para Oaxaca.
Indígena mixteco, abogado y conocedor de los sistemas normativos y derechos de los pueblos originarios, Aguilar construyó buena parte de su trayectoria profesional cerca de las comunidades indígenas.
No proviene de una dinastía tradicional de políticos oaxaqueños ni heredó un apellido históricamente asociado a los espacios de poder.
Su camino fue otro.
Su formación, su trabajo jurídico y su cercanía con los pueblos indígenas construyeron una trayectoria que finalmente encontró respaldo en las urnas durante la elección judicial de 2025.
Aguilar fue el candidato a ministro de la Suprema Corte que recibió el mayor número de votos, resultado que lo colocó en condiciones de asumir la presidencia del máximo tribunal del país.
Por eso, más allá de las discusiones que acompañaron al nuevo modelo de elección judicial, su historia personal tiene un mérito imposible de ignorar: Hugo Aguilar llegó a la cúspide del Poder Judicial después de abrirse camino desde su origen indígena, su preparación profesional y años de trabajo relacionado con los derechos de los pueblos.
Es, en buena medida, una posición ganada a través de su propio recorrido.
Raúl Bolaños: el peso de un apellido en la política
La historia de Raúl Bolaños Cacho Cué es distinta.
Su llegada a la presidencia de la Cámara de Diputados responde a la naturaleza de la política parlamentaria: acuerdos, negociaciones, equilibrios entre grupos y construcción de consensos.
En ese proceso también pesa su cercanía política con Ricardo Monreal Ávila, figura central en la conducción y operación parlamentaria de Morena en San Lázaro. No pasa desapercibida la relación con la familia Murat.
Pero alrededor de Bolaños Cacho Cué existe además un elemento histórico que resulta imposible separar de su trayectoria: pertenece a una familia que ha estado vinculada durante generaciones con la política y el poder en Oaxaca.
El apellido Bolaños Cacho aparece en la vida pública oaxaqueña desde hace más de un siglo.
Miguel Bolaños Cacho presidió la Cámara de Diputados en 1903 y posteriormente fue gobernador de Oaxaca. Más de un siglo después, un integrante de esa misma familia vuelve a ocupar la presidencia de la Mesa Directiva de San Lázaro.
Mientras Hugo Aguilar representa una historia de movilidad política y profesional construida desde los pueblos indígenas, Raúl Bolaños forma parte de una tradición familiar estrechamente vinculada con las estructuras del poder.
En su caso, además de su propia carrera, existe una herencia política, relaciones construidas durante generaciones y un apellido con presencia histórica en los círculos de decisión.
Dos caminos hacia la cima
Ahí se encuentra quizá el contraste más interesante de esta coincidencia oaxaqueña.
Hugo Aguilar llegó desde los pueblos; Raúl Bolaños, desde una dinastía política.
Uno construyó su trayectoria sin un apellido previamente instalado en las élites del poder y terminó convertido en el ministro más votado de la elección judicial de 2025.
El otro pertenece a una familia con más de un siglo de presencia en la política oaxaqueña y alcanzó la presidencia de la Cámara mediante los acuerdos y equilibrios propios del Congreso, en un escenario donde su cercanía con Ricardo Monreal también forma parte de su capital político.
Eso no significa desconocer la trayectoria individual de Bolaños Cacho Cué, pero sí reconocer que ambos partieron de circunstancias muy distintas.
Y ahí está la paradoja.
Hace 123 años, Miguel Bolaños Cacho encabezaba la Cámara de Diputados y Demetrio Sodi Guergué presidía años después la Suprema Corte.
Hoy, nuevamente, Oaxaca tiene presencia en la conducción de ambas instituciones.
Pero esta vez la fotografía ofrece algo más: dos maneras muy distintas de llegar al poder.
La de Hugo Aguilar Ortiz, construida desde su origen indígena, su preparación, su trabajo con los pueblos y finalmente refrendada en las urnas.
Y la de Raúl Bolaños Cacho Cué, integrante de una dinastía política oaxaqueña que, más de un siglo después, vuelve a colocar su apellido en la presidencia de la Cámara de Diputados.
